DICHOSO EL QUE CUMPLE LA VOLUNTAD DE DIOS

En el Evangelio de hoy continuamos con el Sermón de la Montaña, las Bienaventuranzas, que predicó Jesucristo en los primeros meses de su vida pública y en él da la pauta de lo que sería la enseñanza que él venía a dar. El centro de esta predicación del Señor es el amor y la primacía de éste sobre la misma ley. Por eso deja claramente establecido que no ha venido a abolir la ley antigua, sino a perfeccionarla. 

 

Múltiples maneras de matar

Al antiguo precepto de “No matarás”, agrega el insulto, la ira, la agresión, el desprecio, el resentimiento contra alguien.  Y explica con más detalle:  “Cuando vayas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda”.   

El Rito de la Paz que se realiza justo antes de la Comunión indica precisamente esto a lo cual se refiere el Señor.  Pero ¿nos damos “fraternalmente” la Paz?  En ese momento las personas que tenemos “próximas” representan al “hermano” de que nos habla el Señor en este pasaje.  Y ese gesto no es la hora social, ni significa un saludo superficial, ni está allí para dar el pésame o las condolencias; es expresión profunda de fraternidad y de convicción seria acerca de la paz, que tiene como base la justicia, esto es, el bien en sus diversas expresiones.

Un corazón sin odios ni rencor

Ese gesto significa que no tenemos nada contra nadie, que nuestro corazón está limpio de rencor, de resentimiento y que, por tanto, puedo comunicar la Paz que Cristo nos da.   Sólo así, reconciliados plenamente con el hermano, podemos entonces comulgar y “presentar nuestra ofrenda”, en las condiciones que el Señor nos indica. Por otra parte, el que habla contra alguien, sobre todo si es una calumnia, ya ha asesinado a ese hermano en su corazón.  También el que haya mirado a alguien con deseo, aunque no materialice ese deseo, ya ha cometido adulterio en su corazón. 

También habla el Señor contra el divorcio y a favor de la indisolubilidad del Matrimonio Cristiano.  No es lícito divorciarse y volverse a casar.  Por eso la Iglesia no permite la recepción de la Comunión a los que se encuentran en esta situación irregular, pero sí los invita a venir a la Misa, a orar, e inclusive a hacer obras de caridad y  a participar en algunas actividades de la Iglesia, invitándolos siempre a pedir la gracia de poder superar su situación.

Muéstrame señor tus caminos

La Sabiduría de Dios, nos dice San Pablo, contrasta con la sabiduría del mundo. Quien la posee podrá llegar a disfrutar de “lo que Dios tiene preparado para los que lo aman. Y aman a Dios los que cumplen sus mandamientos, los que hacen su Voluntad. Y eso que Dios tiene preparado no lo podemos ni imaginar. “ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado, ni la mente del hombre pudo siquiera haberlo imaginado”.  Esta es la descripción del Cielo que nos da San Pablo. 

Por eso hemos cantado en el Salmo: “Dichoso el que cumple la Voluntad del Señor”.  Dichoso, porque podrá llegar a ese sitio que Dios nos tiene preparado.  Debemos orar como lo hicimos en el Salmo: “Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado.  Enséñame, Señor, a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón”.

Dimensión social de la fe

Vemos como Jesús aporta un nuevo horizonte a la vida en una dimensión más profunda, una verdad más esencial. Su vida es una llamada a vivir la existencia desde la raíz última que es un Dios que sólo quiere para todos sus hijos una vida más digna y una vida feliz. El contacto con él invita a desprenderse de posturas rutinarias y postizas; libera de engaños, miedos y egoísmos que paralizan nuestras vidas; introduce en nosotros algo tan decisivo como la alegría de vivir, la compasión por los últimos o el trabajo incansable por un mundo más justo. Jesús enseña a vivir con sencillez y dignidad, con sentido y esperanza, nos enseña a vivir en la verdad.

El camino del Evangelio

Jesús proclama una nueva forma de actuar, basada en el Evangelio, fundamentada en criterio firmes, como son las bienaventuranzas. Se trata de actuar según el evangelio, más allá de la simple práctica de la ley.   Jesús supera la ley antigua en una línea de mayor profundización y autenticidad.

Se plantea la relación entre evangelio y ley. Debate que volverá a plantearse con frecuencia a lo largo de la historia. Jesús nos habla de potenciar la vida, a la que se opone la injusticia, la pobreza, la opresión. La pobreza es un atentado contra la vida. “Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas” (G.S. 69). También el insulto, la ofensa, la injuria, la persecución, la descalificación, la falta de respeto, el desprecio, van matando poco a poco a las personas. Para no matar, hay que amar. Lo que Jesús pide no se consigue con la mera observancia de leyes y ritos, sino con la buena relación con los demás.

El camino del amor, el camino del bien

Para Jesús las personas y sus necesidades son más importantes que el sábado (Mc 2, 27) y la paz, la cercanía, la armonía, la solidaridad con los demás tienen prioridad sobre todo acto de culto. No se trata de no vengarse, sino de perdonar. No es cuestión de no odiar, sino de amar a todos. El espíritu del sermón de la montaña, las bienaventuranzas, es siempre más y mejor.

El ideal al que se aspira es vivir, disfrutar con equilibrio y sencillez, testimoniar... un proyecto de amor creciente, incondicional, profundo, enriquecedor, para toda la vida. Y hay comprender a las personas que, por muchos motivos, no pueden llevarlo a cabo, no logran vivir de esa manera que es lo ideal. Recordemos siempre que no nos corresponde, en ningún caso, juzgar ni condenar a nadie.

El criterio no es lo que dicen o hacen los demás, ni lo que es costumbre social, sino lo que hace y dice Jesús, invitándonos a la verdad, a la transparencia, a la sinceridad, en nuestro trato con nosotros mismos y con los demás. Jesús te invita a caminar en el bien, ha seguir el plan de Dios; a una vida con sentido, una vida centrada en el bien, una vida digna:

§  Elige amar en lugar de odiar, crear en lugar de destruir. 

§  Alabar en lugar de criticar, curar en lugar de herir.

§  Actuar en lugar de dejar para después, crecer en lugar de simplemente querer conservar.

§  Compartir en lugar de almacenar, sembrar en lugar de cosechar.

§  Vivir en lugar de ir muriendo en la rutina y la mediocridad, o en una vida sin Dios.

Y sabrás por qué mi palabra es palabra de vida y mi Evangelio Buena Noticia; porque de nada sirve, aunque se estile, echar a vestido viejo remiendo de paño nuevo y vino nuevo en odres viejos. El cristiano no se arrastra bajo el peso de la ley; corre libremente impulsado por el amor.

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