VELEN Y ESTEN PREPARADOS

Hoy comienza el tiempo de Adviento y, con él, un nuevo año litúrgico: la Iglesia inicia este período de cuatro semanas, recordando los siglos en los que Dios fue preparando a su pueblo para que su Hijo se encarnara y viniera a habitar entre nosotros.

 

A través del Adviento, Jesús nos pide prepararnos interiormente; nos invita a purificar nuestra conciencia y a abrir nuestro corazón y recibirlo con los brazos abiertos. “Vigilen sobre ustedes mismos para que sus corazones y sus mentes no estén ofuscados, ni confundidos por los múltiples afanes de esta vida”.

Desde la antigüedad, el profeta Isaías expresaba el anhelo profundo del pueblo elegido en torno a la próxima venida del Salvador: “Ojalá rasgaras los cielos y bajaras estremeciendo las montañas con tu presencia”.  Isaías 63, 17.

En efecto, Jesús nació, vivió, gozó y sufrió, murió y resucitó en nuestra tierra, en nuestra historia.  Y así ha salvado -ha rescatado- a la humanidad que se encontraba perdida y esclavizada en el pecado.  Efectivamente, la salvación esperada fue realizada ya por Cristo.  Ahora nos toca a nosotros aprovechar esa salvación que nos consiguió nuestro salvador.

En cuanto a este primer domingo, del tiempo de adviento, Jesús nos pide hoy que estemos vigilantes.  Si lo hacemos así, nuestra espera tendrá recompensa: llegará el Hijo de Dios, hecho Hombre, para enseñarnos el camino de la Salvación.

Es importante abrirnos a este tiempo de esperanza total, que nos genera la cercanía de la Navidad. La Iglesia invita a sus hijos para que en todos los momentos de nuestra vida tengamos la misma actitud de expectación que tuvieron los profetas del Antiguo Testamento, ante la venida del Mesías.

La Iglesia considera como parte esencial de su misión, hacer que sigamos mirando hacia el futuro, aun cuando hace más de dos mil años de aquella primera Navidad. Nos alienta y nos invita de muchas maneras a que caminemos con los pastores, aun cuando sea de noche, para que seamos vigilantes y dirijamos nuestra mirada hacia aquella luz, que se genera en la gruta de Belén.

Velen y estén prevenidos, nos dice el Señor en el Evangelio. Despierten, nos previene San Pablo. Porque también nosotros podemos olvidar lo fundamental de nuestra existencia.

En la oración colecta pedimos: Concédenos Señor el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene a nosotros para que, mediante la práctica de las buenas obras, colocados un día a tu derecha, merezcamos poseer el reino celestial.

 

Juan Navarro Castellanos / Obispo de Tuxpan

 

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