MAYO

COMUNICADO NUM 5. DEL SR. OBISPO

SOBRE LA SITUACIÓN DE LA PANDEMIA

Con ilusión y esperanza, saludo a los sacerdotes, a las religiosas, a los agentes de pastoral, a los padres y madres de familia y al Pueblo de Dios que habita en las distintas comunidades, a lo largo del territorio de nuestra Diócesis de Tuxpan. Me dirijo a ustedes, después de este ya largo periodo de la pandemia del Covid-19, para buscar juntos el mejor camino en esta encrucijada que estamos viviendo desde hace dos meses.

La Conferencia del Episcopado Mexicano nos ha enviado unos “Lineamientos generales para la reapertura al culto religioso en el tiempo de la Pandemia”.  Como pudieron ver, se trata de orientaciones generales que, en su momento, nos van a ayudar para la apertura y reanudación de nuestras acciones pastorales en los diferentes ámbitos de nuestra Iglesia diocesana. 

 

LEER DOCUMENTO COMPLETO

 

MENSAJE DEL PARA LA 57a  JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

«La belleza de rezar el Rosario en casa»

 

 CARTA DEL SANTO PADRE A TODOS LOS FIELES

PARA EL MES DE MAYO DE 2020

 

 

 

 

 

   

Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2)
La vida se hace historia

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

 

DOCUMENTOS RECIENTES RELACIONADOS

CON COVID-19

COMUNICADO NUM 5 

COMUNICADO NUM. 3 DEL SR.OBISPO DE TUXPAN

VIRGEN DEL DIVINO AMOR 

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CONTINGENCIA DEL CORONAVIRUS

Oh, María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza.

 

Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe.

 

Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

 

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos , a través de la cruz, a la alegría de la resurrección.

 

Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestra súplicas que estamos en la prueba y libéranos de todo pecado, oh Virgen gloriosa y bendita.

 

  LIBROS Y DOCUMENTOS DIOCESANOS

    

 GAUDETE ET EXSULTATE

CHRISTUS VIVIT

   MENSAJE DE LOS OBISPOS DE MÉXICO POR EL DIA MUNDIAL DEL AMBIENTE

CARTA APOSTÓLICA APERUIT ILLIS

INSTRUMENTUM LABORIS SINODO AMAZONÍA

  

 

 

Una persona contaba que la habían despedido y se quedó sin empleo. Según contaba el despido fue injusto. Pero lo mejor de todo fue que, por diversas circunstancias, pudo encontrar trabajo, casi de manera inmediata, y lo más interesante fue que le ofrecieron un trabajo, mejor en todos sentidos.

 

Esta persona, creyente convencido, afirmaba que todo esto había sido obra de la Providencia, es decir, que Dios mismo había acomodado todo; tuvo que pasar por un momento difícil y vivió esa amarga experiencia de incertidumbre al perder su empleo; sin embargo, al final de esa experiencia  encontró un trabajo mejor. Sin duda tenía razón, porque Dios está en todo.

Sin embargo, hay millones de desempleados en nuestro país. Hay grandes masas empobrecidas en África, Asia o América Latina. Hay tanta miseria en el mundo. Y podríamos preguntar ¿dónde estaba Dios y su Providencia para toda esa gente?.  ¿Por qué razón Dios se dignó mirar y socorrer a la persona –que arriba señalamos- en su necesidad concreta de encontrar un trabajo? Y ¿por qué ha dejado abandonados a esos otros millones de personas que no tienen nada para vivir?

No a las respuestas fáciles      

No es fácil dar respuestas cuando nos enfrentamos al dolor, a la pobreza y al sufrimiento. No es una cuestión de fe ciega. Ninguno de nosotros tiene la experiencia de decirle a una planta que se arranque de raíz y se plante en el mar y que esto haya sucedido. Más bien tenemos la experiencia contraria. En muchas ocasiones parece que Dios no escucha nuestras peticiones, o por lo menos, no de la forma que nosotros esperaríamos que nos atendiera. ¿Es que nos falta la fe? ¿Es que somos malos y por eso Dios nos deja de lado? ¿Es que los pobres, los que viven en la miseria y sometidos a la injusticia o a la enfermedad son peores que nosotros y por eso Dios no atiende sus gritos de auxilio?      

¿Qué significa creer?

Las Lecturas de este Domingo contienen un llamado a la Fe, a una Fe viva... “capaz de mover montañas”, o de mover árboles, como nos refiere el texto del Evangelio. En el Evangelio de hoy (Lc. 17, 5-10) los Apóstoles le piden al Señor que les aumente la Fe. Y el Señor les exige tener al menos un poquito de Fe, tan pequeña como el diminuto grano de mostaza, para poder tener una Fe capaz de mover árboles de un sitio a otro.  Con este lenguaje, el Señor quiere indicarnos la fuerza que puede tener la Fe, cuando es una Fe convencida y sincera.

Nos indica, también, que la Fe es a la vez don de Dios y voluntad nuestra.  O como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: la Fe es una gracia de Dios y es también un acto humano (cf. CIC #154). La Fe es una virtud sobrenatural infundida por Dios en nosotros.  Es decir: para creer necesitamos la gracia y el auxilio del Espíritu Santo.  Pero para creer también es indispensable nuestra respuesta a la gracia divina. Y esa respuesta consiste en un acto de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad, por el que aceptamos creer. Fe, decía el antiguo catecismo, es creer en lo que no se ve. Creer en Jesús no implica un poder añadido que nos va  a resolver los problemas de manera inmediata y que en forma casi mágica va a traer la felicidad a nuestra vida.

Creer en Jesús es establecer una relación con él. Esa relación no nos facilita la vida ni nos evita tomar decisiones complicadas, ni nos libera de nuestras responsabilidades, sino que nos invita a vivir en libertad, a explorar nuevos caminos, a tomar nuestras propias decisiones y a ser responsables por ellas.  Creer en Jesús y en su mensaje es estar convencidos de que, a pesar de los pesares, aunque la realidad se muestra cruda y cruel, este mundo tiene sentido porque ha sido creado por Dios y es expresión de su amor. 

Más persona y más hermano      

No vemos a Jesús, pero nuestra fe nos dice que él camina en medio de nosotros. La Eucaristía es el signo mayor de su presencia, en el momento en que se hace pan compartido para los hermanos. Dios potencia nuestra fe en la persona humana, en nosotros mismos y en los demás. Dios nos hace ser humildes y reconocer nuestras limitaciones pero, al mismo tiempo, nos ayuda a entender que todo lo podemos en aquel que nos conforta.  

Pero la fe, y la ayuda que Dios nos da ante los problemas, no nos evita dar los pasos que tenemos que dar en la vida; no nos libera del esfuerzo por crear un mundo mejor, más justo y solidario. La Providencia y la gracia de Dios no hacen que yo, por la casualidad, encuentre un trabajo mejor que el que tenía o me salve de una enfermedad. La fe, más bien, me hace sentirme a mí mismo prolongación de la gracia y la presencia de Dios en nuestro mundo.

El justo vivirá por la fe

En la Primer Lectura de Habacuc (Hab. 1, 2-3; 2, 2-4) vemos la preocupación del Profeta por el triunfo de la injusticia.  Es una pregunta que siempre está presente en el corazón de los seres humanos.  También otros Profetas la hicieron: Jeremías: “¿Por qué tienen suerte los malos y son felices los traidores?” (Jer. 12, 1). Dios es infinitamente justo.  Pero la justicia de Dios no siempre es clara. Dios es el Señor de la historia y guarda en secreto su manera de gobernar el mundo.  Solamente pide que nos mantengamos fieles hasta el final.  El malvado sucumbirá sin remedio; el justo, en cambio, vivirá por su fe  (Hab 2, 4).

Como consecuencia de nuestra fe, somos responsables de nuestros hermanos, estamos llamados a apoyarlos y atenderlos en sus necesidades. Como miembros de la Iglesia y de la sociedad, que es familia de Dios, estamos llamados a tener sensibilidad social, a tener entrañas de misericordia y a comprometernos solidariamente con nuestros hermanos.

Reavivemos el don de Dios (segunda lectura) y la fe se convertirá en el núcleo de nuestra vida. Sentiremos la gracia que nos impulsa a vivir de una forma nueva, libres y responsables para amar y hacer realidad ya aquí y ahora la familia de Dios, una familia en la que nadie es excluido.  San Pablo invita a “tomar parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios nos dé”.   Dicho en otra manera, hay que “compartir los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenidos por la fuerza de Dios”.

En muchas ocasiones sucede, como era el caso de los tiempos de San Pablo, quien se encontraba preso por predicar el Evangelio y quien le recordaba a Timoteo el sacrificio de Cristo, que hemos de estar dispuesto a sufrir cuando se vaya a dar testimonio de la Fe.   Porque, como dice San Agustín, puede ser que muchos están dispuestos a hacer el bien, pero pocos a sufrir los males.

Para eso tenemos la seguridad de la gracia, porque “el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de buen juicio”. Fortaleza para no flaquear en la firmeza en la fe.  Amor para desear defender y comunicar esa fe, no importan las circunstancias.  Y buen juicio, para hacerlo con prudencia, pero sin temor. Agradezcamos al Señor el don de la Fe y respondamos con nuestro granito de mostaza para que El pueda darnos una Fe firme, una Fe confiada y paciente, que espere el momento del Señor; y una Fe viva y activa, valiente y fuerte, que no teme ser anunciada, aunque haya riesgos.

 

CAPSULA SEMANAL EN AUDIO

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VISITAS

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DURANTE LA CUARENTENA

VEAMOS PELÍCULAS RELIGIOSAS

 

Actividades de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción

Santa Iglesia Catedral

  

  

 

 

HOMILÍAS

  • HOMILIA EN LA VIGILIA PASCUAL

     

    “Ya se que buscan a Jesús, el crucificado, no está aquí, ha resucitado”. Mt 28, 5-6

    Los signos de la luz y del agua

    Tenemos 2 grandes signos en la Vigilia Pascual: El fuego nuevo, la luz del cirio pascual, que en la procesión ha iluminado este templo y se expandió luego con una multitud de luces, al encender las velas de todos, nos habla de Cristo el lucero matutino, que no conoce ocaso, nos habla del Resucitado en el que la luz de la verdad y la vida vencen las tinieblas del mal y de la muerte.

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  • DICHOSO EL QUE CUMPLE LA VOLUNTAD DE DIOS

    DICHOSO EL QUE CUMPLE LA VOLUNTAD DE DIOS

    En el Evangelio de hoy continuamos con el Sermón de la Montaña, las Bienaventuranzas, que predicó Jesucristo en los primeros meses de su vida pública y en él da la pauta de lo que sería la enseñanza que él venía a dar. El centro de esta predicación del Señor es el amor y la primacía de éste sobre la misma ley. Por eso deja claramente establecido que no ha venido a abolir la ley antigua, sino a perfeccionarla. 

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  • USTEDES SON LA LUZ DEL MUNDO

    USTEDES SON LA LUZ DEL MUNDO

    El evangelio de hoy es continuación de las bienaventuranzas. No es un mensaje para que un grupo se sienta privilegiado o superior a los demás.  Son palabras dirigidas a todos los cristianos y se trata de una invitación a asumir nuestro compromiso como discípulos de Jesucristo, llamados a ser testigos del Reino de Dios y del mismo Cristo en la vida diaria.

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  • PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

    PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

    La solemnidad de la Presentación del Señor en el Templo (y la Purificación de María) completa y cierra el ciclo de la Navidad. Aunque ya estamos en pleno tiempo ordinario, esta fiesta es como un eco de las fiestas navideñas, una breve mirada atrás, que echa una última mirada a Jesús niño, pero ilumina también, y mucho, el sentido de lo que ya está haciendo y diciendo el maestro de Nazaret.

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RELEVANTES

  • VOZ DEL OBISPO

    Semanalmente el Sr. Obispo, Don Juan Navarro Castellanos, se dirige a los Sacerdotes, religiosas, agentes de pastoral y feligresía en general de todo el territorio de la Diócesis de Tuxpan, que pastorea son solicitud y entrega. 

    Su cápsula semanal y su homilía dominical dan cuenta de la riqueza de su mensaje y su amor paternal a la grey de esta amada diócesis.

     
  • Tres pequeñas cosas para hacer la paz

       
    PAPA FRANCISCO
    MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE
    Tres pequeñas cosas para hacer la paz
    Viernes, 26 de octubre de 2018 Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 31, viernes 2 de agosto de 2019
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  • REGINA COELI

    ¿Por qué rezamos el Regina Coeli y no el Ángelus en tiempo Pascual?

    Redacción ACI Prensa

     

    Durante el tiempo pascual la Iglesia Universal se une en la oración Regina Coeli o Reina del Cielo para unirse con alegría a la Madre de Dios por la resurrección de su Hijo Jesucristo, hecho que marca el misterio más grande de la fe católica.

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  • ORACIÓN POR LOS ENFERMOS

     

    Señor Jesucristo, que para redimir a los hombres y sanar a los enfermos quisiste asumir nuestra condición humana, mira con piedad a N., que está enfermo y necesita ser curado en el cuerpo y en el espíritu.

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