LLAMADOS A VIVIR LA LIBERTAD EN EL AMOR

Las Lecturas de este domingo nos invitan a reflexionar sobre el llamado de Dios, y en la respuesta que él espera de nosotros. Estamos en la parte más original del evangelio de Lucas: el viaje que emprende Jesús a Jerusalén. En este recorrido el evangelista acomoda gran parte del ministerio de Jesús, abarcando varios capítulos de su evangelio. Más que un viaje geográfico, se trata de un viaje teológico o espiritual; pero también es un viaje que invita a decidirse, a optar por el camino de Jesús. Empecemos con la primera lectura.

 

La Primera Lectura (1 Rey. 19, 16-21) nos habla del llamado y consagración del Profeta Eliseo por parte del Profeta Elías. Eliseo dejó sus posesiones (doce yuntas de bueyes). Sólo pidió despedirse de sus padres e inmediatamente siguió a Elías. Notemos que los afectos familiares están presentes, pero Dios tiene derecho de pedir a cualquiera de nosotros que dejemos todo para seguir su llamado.

En el caso de Eliseo, lo llamó ¡nada menos! que para ser Profeta en lugar de Elías.  Por eso Elías le dice: “Ve y vuelve, porque bien sabes lo que ha hecho el Señor contigo”.

En el Salmo 15 pedimos al Señor que nos enseñe el camino: “Enséñame, Señor, el camino de la vida”.. ¡Qué fácil decir esto! Pero ¡qué difícil es aceptar el llamado y emprender el camino que Dios nos señala. Porque creemos que somos dueños de nuestra vida y de nuestra acción. Sentimos que somos nuestros propios dueños. Y no es así. Con razón rezamos en el Salmo: “mi vida está en sus manos”. Tan en manos de Dios está nuestra vida que ¡cada latido de nuestro corazón depende de El!

En la Segunda Lectura San Pablo (Gal 5,1. 13-15) nos habla de la libertad como un don de la redención de Cristo; pero nos previene para no caer en el libertinaje, ya que este equívoco nos llevaría a vivir en la esclavitud del pecado. Para San Pablo, después de la redención de Cristo somos libres del pecado y de la muerte en que nos tenía atrapados Satanás. Por eso San Pablo nos advierte para que no volvamos a caer en lo mismo. “No se sometan de nuevo”. Nuestra vocación, nos dice el Apóstol, “es la libertad”.

Libertad no es hacer lo que a uno le venga en gana. Eso sería “tomar la libertad como un pretexto para satisfacer el egoísmo”. Más bien nos dice que, en esa libertad, debemos hacernos “servidores unos de los otros por amor... pues si ustedes se muerden y se devoran mutuamente, acabarán por destruirse”.

Es lo que vemos a nuestro derredor. Y todo porque no vivimos “de acuerdo a las exigencias del Espíritu”, sino que nos hemos dejado “arrastrar por el desorden egoísta del hombre. Este desorden está en contra del Espíritu de Dios”.  Y ese desorden que promueve el Maligno “es tan radical, que nos impide hacer lo que realmente quisiéramos hacer”.  Nos impide ser verdaderamente libres.  Creemos realmente en Dios y queremos ser libres, pero sucede muchas veces que no lo somos realmente.

En el Evangelio (Lc 9, 51-62) vemos a Jesús “tomando la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Sabía que allí sería juzgado injustísimamente, para luego morir crucificado. Y, con "firme determinación”, siguió el camino hacia su muerte en la cruz. En la ruta se presenta un inconveniente con los samaritanos, quienes no quisieron recibirlo.  Para ir a Jerusalén tenía que pasar por Samaria, pero samaritanos y judíos se despreciaban mutuamente.  Santiago y Juan quieren hacer un mal uso del poder de Dios.  “¿Quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos”?  Jesús, por supuesto, los reprende.  Y decide que vayan a hospedarse en otra aldea.  

Tres candidatos a Discípulos

Y, mientras iba de camino se cruzan con Jesús tres candidatos a ser sus discípulos. Esos tres personajes representan a los muchos candidatos a discípulos que el Señor ha tenido y que seguirá teniendo hasta que llegue el fin del mundo.

§  El primero se acerca al Maestro para ofrecérsele como seguidor suyo: Te seguiré dondequiera que vayas”, le dijo a Jesús.  Y Este le informa de una de las condiciones que tendrá que afrontar:  no hay seguridades terrenas.  Al Jesús advertirle: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”,  le hace ver que hasta los animales tienen una casa, un sitio donde vivir, pero El no tiene un sitio para dormir. 

Mientras vivió en Nazaret, antes de comenzar su predicación, efectivamente tenía donde vivir.  Pero al comenzar su vida pública andaba como un peregrino, quedándose donde lo recibieran; pasaba las noches orando en un monte, o acampaba en algún lugar a la intemperie o en despoblado.

Los que siguen a Jesús en la vida religiosa tienen que tener este desprendimiento especial de no tener hogar propio.  Pero los que no tenemos voto de pobreza y vivimos en el mundo, por supuesto tenemos nuestros hogares, pero debemos aprender a seguir a Cristo sin intereses mezquinos ni segundas intenciones y, además, sin importarnos que el camino a donde nos lleve ese seguimiento pueda tornarse -como de hecho suele suceder- incómodo, difícil, sin seguridades, en confianza ciega a lo que nos vaya exigiendo Dios, llegando -incluso- a la inmolación total.

§  Al segundo candidato Jesús es quien le pide que le siga y éste le respondió: Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. La respuesta de Jesús es fuerte: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, ve y anuncia el Reino de Dios”.

Es probable que la petición del candidato a discípulo no haya sido simplemente para ocuparse del entierro de su padre muerto, sino que era una expresión para significar que quería ocuparse de su padre mientras viviera.  En todo caso, la respuesta del Señor indica que cuando él llama, desea que se le responda de inmediato, sin retrasos. 

Seguir a Jesús con perseverancia

§  El tercer candidato es probable que ya haya sido seguidor de Jesús, y que le haya pedido volver un tiempo a su familia: Te seguiré, Señor, pero déjame primero despedirme de mi familia”. La respuesta de Jesús se refiere a la inconstancia: “El que empuña el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios”. El Señor está hablando de la inconstancia.

Para seguir a Cristo hay que tener, como decía Santa Teresa de Jesús, “una firme decisión”. Porque vienen los momentos de desaliento, incomprensiones y persecuciones, y -ya lo dice el Señor, no hay vuelta a atrás. Hay que seguir. “¡Más hubiera valido no empezar!”, dice Santa Teresa.

Esto aplica principalmente a Sacerdotes, Religiosos y Religiosas, es para todo bautizado, en momentos decisivos en los que hay que decidirse por el bien, dejando a un lado comodidades, seguridades, proyectos personales, bienes, preferencias familiares, tal vez todas cosas lícitas, pero que el Señor quiere que dejemos para seguirlo como El nos pide. ¿Estaremos realmente preparados para responderle y seguirlo de verdad?