RESUCITAR ES INICIAR UNA NUEVA VIDA

¡Felices Pascuas a todos ustedes!, hermanos que han recibido el gran regalo de creer en Jesús, quien murió y resucitó para que todos podamos tener vida eterna.

 

Celebrar la Pascua no es cuestión de recordar el acontecimiento que cambió el rumbo de la historia humana. Celebrar la Pascua es injertarnos nosotros en ese movimiento que grita a este mundo lleno de pecado e injusticias, que sí es posible tener otra sociedad; que es posible otra manera de relacionarnos, y que otra manera de vivir y compartir.

La misericordia, el perdón, la ternura, el servicio en bien de de todos y especialmente a favor de los más necesitados es el camino a la vida abundante de Dios. Gritar al mundo que la guerra, la violencia, la arrogancia, la opresión y la exclusión sólo engendran miedo, dolor y muerte entre los pueblos y en la familia humana. Para nosotros los cristianos la Resurrección es la respuesta de Dios ante un Jesús de Nazaret que parecía ser todo un fracaso.

Ante el vil asesinato de Jesús, planificado y ejecutado por las autoridades políticas y religiosas, Dios no pudo permanecer callado; Dios rompió su silencio para decirles a los verdugos de todos los tiempos que ellos no tendrán la última palabra.

Con la resurrección de su Hijo Dios manifiesta al mundo que la solidaridad y el amor, que el perdón y la misericordia, la fraternidad y la igualdad prevalecerán sobre el poder económico y sobre cualquier tipo de poder. En este mismo sentido, la resurrección de Jesús es el grito de Dios a toda la humanidad, señalando que la maldad, la violencia, la guerra y la muerte de los fuertes sobre los débiles, los grandes sobre los pequeños, jamás triunfará sobre la tierra.

Los poderosos de este mundo podrán cantar victoria, pero su triunfo será pasajero; sobre ellos caerá su merecido. El mal y los malos nunca tendrán la razón; en cambio, el proyecto del bien siempre saldrá adelante.

Creer en la Resurrección no es creer en un hecho pasado.

La victoria de Jesús no se puede reducir a una acción pasada. Celebrar la Pascua no es recordar un acontecimiento del pasado como recordamos el día de la bandera o el cumpleaños de un personaje histórico. Celebrar la Pascua es tomar conciencia de que también nosotros estamos llamados a resucitar a una vida nueva. La victoria de Jesús continúa hoy en todo creyente que es capaz de abrirse al proyecto del bien y al poder salvador de Dios.

Creer en la Resurrección es creer en la acción de Dios en la historia; Es creer en el poder de Dios que actúa en los pequeños e indefensos.

Es creer que la lucha a favor de la vida de los pobres y desvalidos es mucho más fuerte que las bombas más poderosas de cualquier nación o pueblo.

Es creer que hasta de lo más débil y frágil, Dios puede hacer surgir algo nuevo. Hasta la persona más aplastada por el pecado, Dios puede levantarla y convertirla en discípulo.

Creer en la Resurrección es ser capaz de romper con la mezquindad y el mal

Creer en la Resurrección es ser capaz de romper con la mezquindad y la mediocridad que todavía queda en nosotros. Es poner la fraternidad por encima de todo, por encima de grupos de interés, por encima de tantas pequeñeces que con frecuencia nos separan unos de los otros.

Es sentir que pertenecemos a la comunidad cristiana; que en ella soy acogido y amado; que en mí vida y en la comunidad de discípulos de Cristo no hay exclusión para nadie.

Es echar fuera de mí todo egoísmo, toda hipocresía, todo orgullo, todo miedo, todo aquello que no me deja ser yo mismo. Es sabernos protagonistas de esta historia, insertados y sumergidos en el camino de Jesús.

Un camino que es de lucha, pero también de esperanza y amor. Un camino que da plenitud al hombre y a la mujer y nos abre al gozo de la creación, liberándonos de la maldad para conducirnos hacia la gran fiesta del Reino eterno.

¿Cómo vivir hoy la resurrección?

Pienso que todos, unos más que otros, ya estamos viviendo la vida del Resucitado. Jóvenes que, en lugar de vacaciones y descanso vivieron un Retiro Juvenil o participaron en las celebraciones del Triduo Pascual, como expresión o señal de que el Resucitado está actuando en ellos.

Personas que se olvidan de su propia vida personal para animar las celebraciones litúrgicas o la religiosidad popular en el Viacrucis o la celebración de las Siete Palabras; en fin, tantas personas que se organizan y sirven a sus hermanos de muchas maneras en estos días –también ellos ya están viviendo la Resurrección. Como los que han tenido que trabajar en estos días y lo hicieron por amor a sus familias y con mentalidad y actitud de servicio.

Y hay otras personas que a lo mejor no pueden realizar apostolado ni servicios a la comunidad, sin embargo, rezan, acompañan y apoyan de diversas maneras a quienes realizan apostolados y servicios en estos días.

Tantos hombres y mujeres de todas las edades que trabajan con entusiasmo y convicción, buscando mejorar este mundo, aportando con su trabajo y su esfuerzo diario para que esta sociedad avance y sirva mejor a todos en las distintas dimensiones de la vida social: en la familia, en la Iglesia, en la educación, en la política o en la economía etc.

Eso también es vivir la resurrección. Dar de nuestro tiempo y nuestros talentos sin esperar nada a cambio –eso también es vivir aquí y ahora la resurrección.

Trabajar cada día con espíritu de servicio, acompañar, animar, tal vez consolar a quienes están pasando momentos dolorosos. Hacer todo esto con la ilusión de servir, de animar, de mejorar y de avanzar hacia un mundo mejor, eso es resucitar.  ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya, Aleluya!

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