AMENSE COMO YO LOS HE AMADO

Hace cuatro semanas que celebramos la semana santa, sin embargo, estamos en el Tiempo de Pascua y seguimos celebrando la Resurrección de Cristo, el más grande acontecimiento de todos los tiempos, para quienes nos llamamos cristianos. Continuamos celebrando la Pascua del Señor y no nos cansamos de meditar los misterios de la Muerte en la Cruz y la Resurrección de Cristo.

 

Ahora bien, el misterio pascual, cuyo centro es la Resurrección de Cristo, se completará plenamente con nuestra propia resurrección. Todo creyente está en espera de su propia resurrección. Y, más aún, espera también el establecimiento de la nueva Jerusalén, que baja del Cielo. Y no es invento, pues el evangelista San Juan nos habla de esto en el último libro del Apocalipsis.

Dios hará nuevas todas las cosas

En efecto, San Juan nos refiere una visión que tuvo de un “Cielo nuevo y tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía. También vi que descendía del Cielo, desde donde está Dios, la ciudad santa, la nueva Jerusalén.” (Ap. 21, 1-5).

Al terminar la historia, al fin de los tiempos, descubriremos lo que Dios nos ha preparado: la Jerusalén Celestial. Pero no podemos siquiera imaginar cómo será, porque “ni el ojo vio, ni el oído escuchó, ni el corazón humano puede imaginar lo que Dios tiene preparado para aquéllos que lo aman” (1 Cor. 2, 9). Es precisamente lo que trata de explicar San Juan con su visión de esa bellísima ciudad que baja del Cielo, es decir, que proviene del Cielo.

Para entender lo que describe San Juan, tengamos en cuenta el momento en que esto sucede. Es el momento en que volverá Cristo para establecer su reinado definitivo. Es el momento en que Dios “hará nuevas todas las cosas” (Ap. 21, 5). Es cuando sucederá nuestra resurrección; en el momento del fin del mundo. Por ahora nos toca esperar, esperar con fe y con confianza. Pero nuestra espera no debe ser de brazos cruzados. Mientras nos llega ese momento, debemos tratar de comenzar a vivir esa “morada de Dios con los hombres”.

El mandamiento nuevo

Para eso nos dejó Jesús el “nuevo mandamiento del amor: ámense unos a otros, como Yo los he amado”. el cual aparece nuevamente en el Evangelio de hoy (Jn. 13, 31-35). Este Evangelio es parte de las palabras del Señor a los Apóstoles en la Ultima Cena, enseguida de la salida de Judas del sitio donde estaban. Jesús habla allí de su próxima glorificación, que tendrá lugar con su pronta Resurrección.

Si Dios ha sido glorificado en Él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará. Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos. En el Cenáculo, Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Comienza con el lavatorio de los pies, que recordamos el Jueves Santo; después Jesús anuncia la traición de Judas; y éste se marcha.

En ese momento comienza el discurso de la despedida que es un verdadero testamento de Jesús para sus apóstoles, aunque en el texto de hoy sólo leemos los primeros versículos que enuncian tres temas básicos: la glorificación de Jesús, el anuncio de la pasión y el nuevo mandamiento del amor.

Jesús será entregado, condenado y crucificado, pero también glorificado, y por eso Juan contempla todo ese misterio de salvación como una «glorificación» del Hijo del hombre y del Padre. La «Hora de Jesús» ha llegado y se trata del momento trascendental en que Jesús pasa de este mundo al Padre, quien es glorificado cuando Jesús es exaltado en la cruz.

No hay resurrección sin cruz

Nosotros también esperamos nuestra glorificación, la cual tendrá lugar con nuestra propia resurrección, cuando Cristo venga a establecer su reinado definitivo. Pero antes, como dice la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles (Hch. 14, 21-27) “hay que pasar muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios”.

No hay resurrección sin cruz. No hay gloria sin tribulación. Unos más, otros menos. Unos antes, otros después. Todo sufrimiento es para nuestra purificación con miras a esa glorificación futura.

El anuncio de la partida de Jesús es seguido de la promulgación del mandamiento nuevo. Esta manifestación de la última voluntad de Jesús es uno de los lugares principales del Nuevo Testamento, es decir, de la Nueva Alianza.

Hombres nuevos

La palabra mandamiento tiene el sentido de encargo, de mandato, pero es ante todo un proyecto de vida para la nueva humanidad. Así como la Alianza del Sinaí tenía los diez mandamientos como estipulación fundamental, así la Nueva Alianza tiene el mandamiento del amor fraterno como cláusula principal.

El contenido de este nuevo mandamiento es el amor de unos para con otros, un amor semejante al de Cristo, es decir, un amor hasta el sacrificio, hasta dar la vida por los hermanos. Más aun, el cumplimiento de este nuevo mandamiento verificará la identidad de los auténticos discípulos de Cristo pues será su carta de presentación.

La primera carta de san Juan destaca la importancia del mandamiento nuevo y su centralidad ante los temas que trata: Dios es luz, Dios nos hace hijos suyos en su Hijo Jesús y Dios es Amor donde sobresale el ejemplo del amor de Cristo.

Jesús, con su venida, trajo una enseñanza nueva, un nuevo proyecto de vida centrado en el amor y nos dejo un mandamiento nuevo, nuevo en cuanto él mismo lo proyecta como camino de una vida nueva, de una nueva humanidad.

Cristo es el Hombre nuevo que hace de los creyentes hombres y mujeres nuevos, quienes por el Espíritu Santo debemos renovar sin cesar nuestra mente, nuestros pensamientos, el hombre interior, para poder recibir un nombre nuevo.

Algunas de estas enseñanzas nos vienen expresadas en la segunda lectura de este domingo tomada del capítulo 21 del Apocalipsis del mismo san Juan. La Iglesia avanza hacia los cielos nuevos y la tierra nueva, la Jerusalén del cielo, donde Jesús beberá con sus discípulos el vino nuevo y donde los elegidos cantarán el cántico nuevo.

JSN Megazine template designed by JoomlaShine.com