YO SOY LA RESURRECCION Y LA VIDA

Todos aspiramos a una vida plena, y al mismo tiempo, estamos convencidos de la realidad de la muerte, ya que la vemos cuando fallecen familiares, amigos, compañeros.

 

Se trata de la realidad más preocupante, pues en cada adiós definitivo algo nuestro muere con ellos. La muerte biológica, su anuncio amenazante en las enfermedades, su presencia brutal en los accidentes, y su manifestación en todo lo que es negación de la vida, a causa de la violación de la dignidad y derechos de la persona, constituye el más punzante de los problemas humanos.

Por otra parte, todo ser humano aspira a una vida sin límites; se trata de la más profunda aspiración que llevamos en el alma. Si con la muerte acabara todo, nos sentiríamos radicalmente frustrados, al no tener una explicación satisfactoria a este misterio que es la muerte de un ser creado para la vida.

Desde siempre, las ciencias humanas, la filosofía y la historia de las religiones han dado respuestas más o menos convincentes ante el dilema de la muerte. ¿Es la muerte un final o un comienzo? ¿Nos espera la nada u otra vida distinta al final de nuestras vidas?… estará ahí Dios o el vacío?

Según las creencias, así son las respuestas y las actitudes vitales: miedo visceral, silencio hermético sobre un tema tabú, fatalismo estoico ante un hecho natural e inevitable, hedonismo a tope ante la fugacidad de la vida (¡comamos y bebamos que mañana moriremos!), pesimismo, rebeldía, náusea existencial ante el mayor de los absurdos..., o bien la serena esperanza de quienes creen en la vida eterna. Pero en el fondo está presente la pregunta sobre el sentido mismo de la vida humana.

Cristo es la única respuesta válida al enigma de la muerte del ser humano. La comunión con Cristo por la fe del bautismo y por los sacramentos de la vida cristiana alcanza al hombre entero, cuerpo y espíritu, en esta vida y en la futura. Por eso el cristiano ya no entiende la vida ni la muerte como los hombres sin fe; para el creyente tienen sentido nuevo. La muerte no será sino el paso a la plenitud de una vida iniciada ya ahora.

El que cree en Cristo, vida y resurrección nuestra, se siente salvado, liberado del pecado y de su consecuencia, la muerte. Esta liberación no es de la muerte biológica, pues todos vamos a morir y también Cristo murió, sino de la esclavitud opresora de la muerte, del miedo a la misma, del sinsentido y del absurdo de una vida entendida como pasión inútil que acaba en la nada.

 

 

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan

JSN Megazine template designed by JoomlaShine.com