EL MANDAMIENTO DEL AMOR

El evangelio de este domingo nos habla de las palabras de Jesús a los apóstoles en la Ultima Cena. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que son mis discípulos.

 

En el Cenáculo Jesús se despide de sus discípulos. Comienza con el lavatorio de los pies, que recordamos el Jueves Santo. Después Jesús anuncia la traición de Judas y éste se marcha del grupo.

La palabra mandamiento tiene el sentido de encargo, de mandato, pero es ante todo un proyecto de vida para la nueva humanidad. Así como la Alianza del Sinaí tenía los diez mandamientos como criterio fundamental, así la Nueva Alianza tiene el mandamiento del amor fraterno como lo más importante.

Su contenido es el amor de unos con otros; un amor semejante al de Cristo, es decir, un amor hasta el sacrificio, hasta dar la vida por los hermanos. Más aun, el cumplimiento de este nuevo mandamiento verificará la identidad de los auténticos discípulos de Cristo, pues será su carta de presentación.

La primera carta de san Juan destaca la importancia del mandamiento nuevo y su centralidad ante los temas que trata: Dios es luz, Dios nos hace hijos suyos en su Hijo Jesús y Dios es Amor, donde sobresale el ejemplo del amor de Cristo.

Jesús, con su venida, trajo una enseñanza nueva, un nuevo proyecto de vida centrado en el amor y nos dejó un mandamiento nuevo, nuevo en cuanto él mismo lo proyecta como camino de una vida nueva, de una nueva humanidad.

Cristo es el Hombre nuevo que hace de los creyentes hombres y mujeres nuevos, quienes por el Espíritu Santo debemos renovar sin cesar nuestra mente, nuestros pensamientos; y a partir de ahí hemos de tener actitudes nuevas que nos conduzcan a una vida nueva.

Jesús nos pide también amar a los enemigos, estar cerca del próximo, pero también entrar en comunión con cada ser humano, por el hecho de que es imagen de Dios. Sobre todo, impulsa el servicio a la comunidad y engendra la vida en libertad.

El amor manifiesta la presencia de Dios en el mundo. No hay duda que la mayor fuerza de atracción que posee una comunidad cristiana es ver cómo se aman, cómo se preocupan los más fuertes de los más débiles y pequeños.

 

Juan Navarro Castellanos

+ Obispo de Tuxpan, Ver.

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