MAYO 2019: MES DE MARIA

 

La idea de un mes dedicado específicamente a María se remonta al tiempo barroco o siglo XVII. Si bien, no siempre se llevó a cabo en mayo, el mes de María incluía treinta ejercicios espirituales diarios en honor a la Madre de Dios.

Humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal, que se ensaña contra los más débiles porque son imagen de Jesús. Encuentro del Papa con los Obispos sobre el abuso de menores.  Ver Documento completo 

De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana es el tema escogido por el Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales para este año 2019, en el que invita a “reflexionar sobre el fundamento y la importancia de nuestro estar-en-relación; y a redescubrir, en la vastedad de los desafíos del contexto comunicativo actual, el deseo del hombre que no quiere permanecer en su propia soledad”. Ver Documento completo

 

Hemos iniciado en la Diócesis el Año de los Adolescentes y Jóvenes, dispongamos el corazón para escuchar sus necesidades, confiemos en el Espíritu del Señor que nos iluminará para saberlos guiar y responder a sus inquietudes. También nosotros debemos ser camino para que los jóvenes encuentren al Salvador!

 

Cada año, en enero, allá por la fiesta de San Francisco de Sales, el Papa presenta el mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que este año se celebrará el 2 de Junio.

HIMNO DEL AÑO DE LOS JÓVENES

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"El Rosario o salterio de la Sma. Virgen, es un modo piadosísimo de oración, al alcance de todos, que consiste en ir repitiendo el saludo que el ángel le dio a María; interponiendo un Padrenuestro entre cada diez Avemarías y tratando de ir meditando mientras tanto en la Vida de Nuestro Señor". Papa San Pío V.

 

 

 

 

 

  LIBROS Y DOCUMENTOS DIOCESANOS

 

   

 

 INSTRUMENTUM LABORIS 

DOCUMENTO FINAL SINODO 2018

GAUDETE ET EXSULTATE

CHRISTUS VIVIT

 

 

 

CALENDARIO CATÓLICO

Dios es más joven que todos!

 

 

Lecturas del Domingo 19 de Mayo de 2019

(5ª Semana. Tiempo Pascual)

+ Juan 13, 31-33a. 34-35

Después que Judas salió, Jesús dijo:

«Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.

 

Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes.

Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.»

Reflexión

En la Segunda Lectura de la misa del domingo leemos en el Libro del Apocalipsis en que San Juan, en uno de los últimos capítulos del último de los libros de la Sagrada Escritura nos presenta una visión del paraíso que el Señor ha prometido a los que lo aman.

Este pasaje tiene el estilo propio de todo el libro del Apocalipsis escrito por San Juan, que debe ser leído sin tomar todo al pie de la letra, sino interpretando las visiones y los símbolos que Juan presenta, según las reglas de la literatura apocalíptica. Así podremos descubrir que el Apocalipsis de Jesucristo no es difícil ni terrorífico, sin un libro lleno de esperanza.

En el quinto domingo después de la Resurrección del Señor, San Juan nos presenta una visión gloriosa de la Jerusalén celestial.

También San Pablo dice en su carta a los Corintios: «El ojo no ha visto, el oído no ha oído lo que Dios ha preparado para los que lo aman» (1 Cor 2,9).

La Biblia empezaba con una visión de la primera creación, en la que Dios, en las avenidas del Edén, conversaba con el hombre, su amigo.

El Apocalipsis finaliza con una visión más hermosa en que desborda primero el gozo de Dios: Ahora todo lo hago nuevo.

Se ha construido la ciudad santa y definitiva de la humanidad. Cielo nuevo y Tierra nueva.

El cuerpo resucitado de Cristo fue el principio de este universo nuevo, espiritual y material, que esperamos. Ahora, su poder de resurrección ha transformado el mundo entero. No será un paraíso para «almas» aisladas ni para puros ángeles, sino una ciudad de hombres: todos han llegado a ser totalmente hijos de Dios: él será hijo para mí.

Dios habita en medio de los hombres y derrama en ellos su felicidad. Los sufrimientos que llenaron tantas vidas, las torturas de los mártires, el dolor íntimo de los pecadores arrepentidos, todo se acabó. Gozo y paz que no se pueden dar en ningún lugar de la tierra, pero sí en el seno de Dios.

En el Evangelio, San Juan nos revela que el Señor, después de anunciar a sus discípulos su partida, resume todas sus enseñanzas y sus preceptos en uno solo: el Mandamiento Nuevo.

Varias veces lo repite durante la última cena, y San Juan, en su primera carta insiste en la necesidad de que vivamos celosamente este mandato del Señor y en las exigencias que comporta.

El amor al prójimo ya estaba mandado en el Antiguo Testamento y Jesús lo ratifica dándole el lugar que le corresponde en el conjunto de la Ley, ya que lo coloca como el Segundo Mandamiento. Este es semejante al primero: Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. Pero Jesús da al precepto del amor fraterno un sentido y un contenido nuevos al decir «como yo los he amado».

El amor al prójimo que se pedía en la Antigua Ley alcanzaba también, de un modo relativo, a los enemigos. En cambio, el amor que predica Jesús es muchísimo más perfecto y exige devolver el bien por mal, porque la medida del amor cristiano no está en el corazón del hombre, sino en el corazón de Cristo, que entrega su vida en la Cruz por la redención de todos.

En esto consiste la novedad de la enseñanza de Jesús, y por eso dice el Señor que su mandamiento es expresión de su última voluntad, la cláusula principal de su testamento.

No podemos separar el amor al prójimo del amor a Dios: San Mateo dice que: «El mandamiento supremo de la ley es amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo». Cristo hizo suyo este mandamiento del amor al prójimo y lo enriqueció con un nuevo sentido al querer identificarse El mismo con los hermanos, como objeto de único de la caridad, diciendo: «En verdad les digo que cuanto hiciste a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo hiciste».

Cristo, al asumir la naturaleza humana, unió consigo mismo, con una solidaridad sobrenatural, a todo el género humano como una sola familia.

El Señor estableció la caridad como distintivo de sus discípulos con estas palabras: «En esto conocerán todos que Uds. son mis discípulos, en el amor que se manifiestan entre Ustedes»

Nuestro grado de unión con el Señor se manifiesta en la comprensión y el amor que tenemos con nuestros hermanos. En el modo de tratar y servir a nuestro prójimo. La señal más clara para reconocer si amamos a Jesús es la caridad fraterna, nuestro amor por los demás.

Es un mandato de Jesús es nuevo porque son nuevos sus motivos: el prójimo es una sola cosa con Cristo; el prójimo es objeto de un especial amor de Dios Padre. Es nuevo porque siempre es actual el Modelo (que es el Señor), porque establece entre los hombres nuevas relaciones. Porque el modo de cumplirlo es nuevo: «como yo les he amado». Porque va dirigido a un pueblo nuevo. Porque requiere corazones nuevos. Porque pone sus cimientos en un orden distinto y desconocido hasta ahora. Es nuevo, porque siempre resultará una novedad para los hombres acostumbrados a sus egoísmos y a sus rutinas.

En este día del Señor podemos preguntarnos si en los lugares donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, en nuestros trabajos, en nuestras escuelas o en nuestros hogares, se puede reconocer que somos discípulos de Cristo por la forma amable, comprensiva y acogedora que tratamos a los demás. Si intentamos no faltar jamás a la caridad con nuestras palabras y nuestras acciones. Si sabemos pedir disculpas cuando hemos ofendido a alguien. La caridad no hay que buscarla únicamente en los acontecimientos importantes, sino, ante todo, en los hechos cotidianos de nuestra vida diaria.

Pidamos a María que nos ayude siempre a cumplir el precepto que nos dejó Jesús: Ustedes deben amarse como yo los he amado, y que siempre nos aliente la certeza de que si así lo hacemos nos espera la felicidad de la nueva Jerusalén que San Juan nos presenta en la lectura del libro del Apocalipsis que leímos hoy.

Lecturas del Lunes 20 de Mayo de 2019

(5ª Semana. Tiempo Pascual)

+ Juan 14, 21-26

Jesús dijo a sus discípulos:

«El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.»

Judas -no el Iscariote- le dijo: «Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?»

Jesús le respondió: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.

Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»

Reflexión

Los discípulos de Jesús, con sus falsas ideas del Mesías triunfante, esperaban una manifestación gloriosa del Mesías, y Jesús les habla de mostrarse a los suyos,... de una manifestación personal.

Eso es lo que Judas le plantea a Jesús. Le pregunta por qué no se iba a manifestar al mundo.

Y Jesús no le responde a su pregunta en forma directa, sino que les insiste en que su manifestación se dará a los que se adhieran a él, a los que observan sus palabras.

Jesús se va a revelar a los que lo acogen.

Y aprovecha Jesús la ocasión para anunciarles a los discípulos su partida. Y les dice que el Espíritu Santo va a ser en adelante su maestro vivo, y les va a enseñar todo.

El Espíritu Santo, no va a decir nada nuevo, pero va a mantener viva la memoria de Jesús, va a reavivar su mensaje y su presencia.

El Espíritu Santo es como una corriente de agua viva permanente en la Iglesia, es el constante fermento que va a mantener en la Iglesia el vínculo de amor y de servicio.

Este pasaje del evangelio nos tiene que llevar a nosotros a reflexionar si realmente nos damos cuenta que el Espíritu Santo está acompañándonos a nosotros y a la Iglesia de Cristo en este tiempo de peregrinación.

Pensemos que Jesús vivió en la tierra hace 2000 años, que vivió en un lugar pequeño, y de poca importancia, sería imposible que nosotros conociéramos hoy a Jesús sin la guía del Espíritu Santo.

En algunas traducciones del Evangelio se llama al Paráclito: Interprete. Este es un nombre muy adecuado para este Espíritu que nos permite «entender» las enseñanzas de Jesús. Este Espíritu que nos deletrea el mensaje y nos lo va haciendo asimilar.

El centro siempre es Jesús,... el Espíritu Santo, encamina la comunidad hacia Jesús.

Por eso el Espíritu Santo nos es comunicado, no sólo para sentirnos bien,... para sentirnos llenos de Él,... sino para encaminarnos a Jesús y ponernos en caminos con él para salvar el mundo.

Por eso siempre la presencia en nosotros del Espíritu Santo debe llevarnos al testimonio. Si tenemos el Espíritu Santo, entonces debe notarse en nuestra actitud de servicio, en esa actitud de servicio del mismo Cristo, que se manifiesta fundamentalmente con los más necesitados.

El Espíritu Santo también nos lleva a ser fieles a la comunidad de Jesús, que es su Iglesia.

En este año dedicado al Espíritu Santo, invoquémoslo con frecuencia para que se haga presente. Nunca se va a negar a nuestro pedido porque esa es su misión hoy.

Lecturas del Martes 21 de Mayo de 2019

(5ª Semana. Tiempo Pascual)

+ Juan 14, 27-31

Jesús dijo a sus discípulos:

«Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: Me voy y volveré a ustedes. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.

Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.

Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado.»

Reflexión

Jesús se va a despedir de sus discípulos. Ve que están tristes. Aun cuando no los va a dejar solos,... aun cuando les va a enviar al Espíritu Santo,... ellos se sienten solos y desamparados.

Como despedida les deja la paz, les deja su paz, una paz distinta de la del mundo.

Jesús mismo es la paz.

En su ausencia, los discípulos igual los van a sentir cerca.

El Señor les pide que no estén tristes, porque van a recibir la recompensa, pues ir al Padre, aún a través de la muerte es también victoria sobre la misma muerte.

La fidelidad de Cristo al Padre hasta la muerte en cruz, será el mejor testimonio para el mundo de que Él ama al Padre y cumple su voluntad.

Jesús se enfrenta animoso con la muerte y arrastra con Él a los suyos. Pero para los discípulos, todavía no ha llegado la hora.

Pronto va a comenzar su misión en el mundo, y para que puedan cumplir esa misión, ni Jesús ni el Padre los van a abandonar, van a recibir la nueva vida y la fuerza del Espíritu.

Éstas palabras de aliento y despedida de Jesús, son también para nosotros.

La paz que les deja Jesús es nuestra paz, y con ella nos deja su Espíritu.

Esa paz no es sólo la palabra y el deseo de prosperidad, sino «su Vida». Esa Vida que compartimos en la Eucaristía, esa Vida que da el Espíritu Santo y que anima la comunidad cristiana.

Si creemos de verdad en Jesús y permanecemos en Él, no habrá ningún poder contra nosotros.

El Padre de Jesús es nuestro Padre y la gloria de Jesús al reunirse con el Padre, será también nuestra gloria, si le somos fieles; si también nosotros llevamos su paz al mundo; si con la ayuda del Espíritu Santo llevamos también esa paz en nosotros y hacia los demás para construir un mundo mejor.

Por eso en este tiempo Pascual, tiempo de alegría y de encuentro con Jesús resucitado, vamos a pedirle a Él que no deje que nos sintamos solos, que nos envíe su Espíritu de Amor, de Alegría y de Paz, para que podamos anunciar gozosamente que Él vive y que da su alegría y su paz a quienes lo aceptan y se le entregan.

Lecturas del Miércoles 22 de Mayo de 2019

(5ª Semana. Tiempo Pascual)

+ Juan 15, 1-8

Jesús dijo a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.

Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde.

Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán.

La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

Reflexión

En el Evangelio, de hoy el Señor se presenta como la Vid, el nuevo Israel; sus sarmientos o sus ramas, son sus discípulos, los de entonces y los de siempre, también nosotros, y muy particularmente, las comunidades cristianas de todos los tiempos.

El Padre es el campesino, el dueño de la viña, él la cultiva. Y dice Jesús que si alguna rama no da fruto, no tiene racimos, la limpia y la poda a ver si los da, o si da alguno, también la poda para que dé más..

Pero las ramas tienen que estar unidas al tronco de la vid para recibir el jugo, de ella. Esa savia que reciben es la vida del Espíritu.

Cuánto más unidas estén las ramas a la cepa, más fruto darán. Si no están unidas a la cepa, se secan, entonces se cortan y se tiran.

Jesús es la vid y para vivir unido a él hay que vivir su palabra y su vida.

En este pasaje del Evangelio San Juan habla de permanecer en él.

Y Jesús al instituir la Eucaristía dijo: «Quien come mi cuerpo y bebe mi sangre permanece en Mí y yo en él.»

Este pasaje del Evangelio, que hoy leemos tiene mucha semejanza con la Eucaristía, por la Eucaristía, nosotros nos unimos a Cristo, vivimos en Cristo y vivimos de Cristo, de su gracia, de su Vida, y Él puede vivir en nosotros, amando al Padre en nosotros.

Muchas veces, no avanzamos en nuestra vida espiritual justamente por esa falta de unión con Cristo, sin él no podemos, solos, no podemos

A veces nos quejamos de nuestra esterilidad, de nuestra escasa capacidad de amar. Nuestras comunidades apenas pueden llamarse comunidades de Jesús, porque son pobres en el amor y escasas en frutos.

¿Dónde está la falla?

La falla está en nuestra falta de unión a Jesús, la ausencia de su Espíritu.

Confiamos demasiado en lo institucional, en las técnicas humanas y nos falta ¨la permanencia el seguimiento de Jesús.

Sólo si vivimos las exigencias del Señor, creceremos como discípulos, y el Padre escuchará nuestra oración y el fruto abundará.

Hoy vamos a pedirle a Dios, que unidos a Jesús demos fruto abundante.

Lecturas del Jueves 23 de Mayo de 2019

(5ª Semana. Tiempo Pascual)

+ Juan 15, 9-11

Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.

Reflexión

En el evangelio de hoy, Jesús dice:

Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto

Jesús había hablado previamente a sus discípulos de su partida, y ellos estaban tristes.

Jesús ahora los invita a estar alegres, a vivir la alegría cristiana. Jesús con su Ascensión al Padre, nos da el fundamento de nuestra alegría. Porque Jesús va al Padre para esperar allí a sus discípulos y unirse a ellos para siempre.

Este es el fundamento de nuestra alegría .

Nada ni nadie, puede arrebatar al cristiano la causa de la alegría de su vida, pues su alegría no se fundamenta en nada terreno, sino en la seguridad de la felicidad eterna. De que su destino está en el Reino de Dios, y esto nadie se lo puede arrebatar

San Pablo nos dice:

ESTÉN SIEMPRE ALEGRES EN EL SEÑOR, LES REPITO, ESTÉN ALEGRES.

La alegría es uno de los frutos de la presencia del Espíritu Santo en el cristiano.

A qué llamamos fruto del Espíritu Santo?

Los frutos son como la cosecha, el efecto total, el resultado final de la Presencia del Espíritu Santo en el alma.

El Espíritu Santo, se manifiesta así, en las actitudes y en las actividades de cada uno de nosotros, poniéndoles a ellas su sello.

Estamos cerca de Pentecostés. Ese domingo, celebramos, la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos junto a María en el cenáculo. Nosotros también debemos implorar al Espíritu Santo que venga a nosotros, que cada uno de nosotros pueda tener su propio Pentecostés.

Dice la escritura que la mañana de Pentecostés, todos los apóstoles estaban alegres, tan alegres, que algunos curiosos los tomaron por borrachos.

Cuando el Espíritu viene, trae consigo la alegría, o mejor dicho, El mismo es la alegría.

Y al darse, comunica esa alegría de su ser, a quienes se abren a su venida y a sus dones.

En nosotros, ¿cómo está la alegría?

¿Cuándo nos hemos reído con ganas por última vez?

No nos referimos a esa risa de compromiso, estruendosa quizás, pero vacía, sino a esa risa sincera, sana, espontánea, que nos brota de dentro. Que nace de sabernos Hijos de Dios y Herederos de la Vida Eterna.

No es que tengamos que reír siempre, pero sí hay que manifestar siempre el fruto del Espíritu que es la alegría. El Cristiano es esencialmente una persona optimista que ve el lado positivo en los aconteceres diarios

Santo Tomás de Aquino nos dice: El andar con cara larga no redunda en honra a Dios, a quien profesamos servir y nos gloriamos de amar.

Por qué no nos preguntamos: ¿Qué rostros ven los demás en nosotros?

NO ENTRISTEZCAN AL ESPÍRITU SANTO, dice San Pablo en su carta a los cristianos de Efeso.

Es muy posible que el Espíritu no se encuentre muy a gusto tras rostros serios y expresiones amargadas.

Si llevamos a Dios dentro, debería notársenos en la cara.

No se trata de forzar una sonrisa, de fingir alegría.

Hay que devolverle al mundo la capacidad de alegrarse por dentro y por fuera. Y esa es la labor del Espíritu en nuestras almas.

Tenemos que convertirnos en apóstoles de la alegría.

Con la ayuda del Espíritu Santo debemos crear y cultivar en nuestros hogares y familias un ambiente de alegría.

Tagore escribió:

Yo dormía y soñaba que la vida era alegría

Desperté y vi que la vida era servicio

Serví y vi que el servicio era alegría.

Busquemos la verdadera alegría, dándonos a los demás.

Lecturas del Viernes 24 de Mayo de 2019

(5ª Semana. Tiempo Pascual)

+ Juan 15, 12-17

Jesús dijo a sus discípulos:

«Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.

Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»

Reflexión

Un periodista había observado durante un día cómo la Madre Teresa de Calcuta servía con todo amor y entrega a los más pobres de los pobres.

Sólo mirar esa realidad le había causado al periodista asco y repugnancia.

Y al final le dijo a la Madre Teresa:

Eso que usted hace, yo no lo haría ni por un millón de dólares.

Y entonces ella le contestó:

Yo tampoco lo haría por un millón de dólares.

Esta anécdota nos muestra cómo se enfrentan dos realidades distintas. Por un lado el periodista, en un mundo donde por dinero se puede conseguir... casi todo.

Por otro lado el mundo de la Madre Teresa, el mundo del amor.

Y en este evangelio Jesús habla de un mandamiento de amor.

Y a primera vista, no parece ser algo innovador.

En otro pasaje del Evangelio cuando un maestro de la Ley de Moisés, le pregunta a Jesús qué tiene que hacer para heredar la vida eterna, y Jesús le devolvió la pregunta diciéndole: ¿Qué está escrito en la Ley?

El maestro de la Ley le responde con una cita del libro de Deuteronomio que dice: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas, y con todo tu espíritu y a tu prójimo como a ti mismo»

Lo que es «realmente nuevo», es la medida de ese amor que se pide.

Porque el Antiguo Testamento hablaba de «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

En este evangelio en cambio, la medida del amor es mucho mayor, porque Jesús dice: Ámense unos a otros como Yo los he amado.

Y todos sabemos el amor con que Jesús nos amó. Nos amó hasta dar la vida por nosotros.

Y esto es lo que distingue a los cristianos el amor con que nos amamos unos a otros.

Dijo Jesús: En esto reconocerán que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a los otros.

Es bueno que pensemos frecuentemente en esto, porque el Señor, no nos dijo que se nos va a identificar por la cruz o la medalla que llevemos en el cuello, ni por las imágenes que tengamos en casa, ni por las peregrinaciones que hagamos a algún santuario, ni por nuestro certificado de bautismo, ni por pertenecer a un movimiento o un grupo, ni por los carismas espirituales, o el don de lenguas o el de curaciones.

Todas esas cosas son buenas en sí, si se las usa bien, pero no son lo esencial de nuestra fe.

Al cristiano no se lo distingue por alguna señal exterior. Sólo se lo distingue por el amor al prójimo, hasta lo último, a ejemplo de Jesús.

Por eso hoy vamos a intentar corregir el rumbo, mirar hacia adelante con ojos cristianos, y proponernos escuchar y cumplir lo que Jesús nos pide, porque muchas veces nuestro cristianismo se queda en lo exterior únicamente.

Decía un poeta hindú:

Me gusta Cristo, pero no me gustan los cristianos porque no se parecen a él.

Pidamos hoy a María, que nos eduque a semejanza de Jesús.

Lecturas del Sábado 25 de Mayo de 2019

(5ª Semana. Tiempo Pascual)

+ Juan 15, 18-21

Jesús dijo a sus discípulos:

«Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia.

Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.»

Reflexión

El pasaje del Evangelio es una clara advertencia para todos nosotros. El mundo aborreció a Jesucristo y aborrecerá siempre a los verdaderos discípulos de Jesucristo.

Aquel que quiera practicar la virtud, debe contar con el odio de los malos, y este odio es una señal para saber si verdaderamente seguimos a Cristo.

El pasaje del Evangelio entiende por el mundo a los que siguen el espíritu mundano y materialista, opuesto al espíritu sobrenatural y evangélico. Y si el mundo nos ama, deberíamos examinar nuestra conducta, porque algo habrá en ella que pertenece al mundo y no a Dios.

«Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes», dice el Señor. Y antes había dicho: «bienaventurados si son perseguidos». No siempre las persecuciones han sido iguales. Durante los primeros siglos se pretendió destruir la fe de los cristianos con la violencia. Física. En muchas ocasiones y muchos lugares del mundo, los cristianos se han visto y todavía se ven, oprimidos en sus derechos más elementales. Incluso en países de tradición cristiana se ponen todo tipo de trabas y dificultades para educar cristianamente a los propios hijos, o se priva a los cristianos, por el sólo hecho de serlo, de justas oportunidades de desarrollar un trabajo.

No es infrecuente que, en sociedades que se consideran libres, los cristianos tengan que vivir en ambientes claramente adversos. Puede darse entonces la persecución encubierta, con la ironía que trata de ridiculizar los valores cristianos, o con la presión de algunos que tratan de atemorizar a los débiles. Se trata de una persecución, que si bien no es sangrienta, no por ello es menos malintencionada.

La fe del Cristiano dicen que es oscurantismo.

La castidad del cristiano, hombre o mujer,... una anomalía.

El perdón de los agravios y el amor a los enemigos,... una debilidad.

La oración, el amor de Dios, son actitudes ineficaces y desusadas

Ya lo decía hace muchos siglos San Agustín: «En otros tiempos se incitaba a los cristianos a renegar de Cristo; ahora se enseña a los mismos a negar de Cristo. Entonces se impelía, ahora se enseña; entonces se usaba de la violencia, ahora de insidias; entonces se oía rugir al enemigo; ahora, presentándose con mansedumbre, difícilmente se lo advierte».

Jesús afirma que entre Él y el mundo, como reino del pecado, no hay posibilidad de acuerdo: quien vive en el pecado aborrece la luz. Por eso han perseguido a Cristo y también perseguirán a sus discípulos. «La hostilidad de los perversos suena como alabanza para nuestra vida, porque demuestra que tenemos al menos algo de rectitud que resulta molesta para los que no aman a Dios», dice San Gregorio.

Pidamos hoy al Señor, que siempre que suframos las hostilidades de que Él nos advierte, recibamos también su fortaleza y su paciencia, y podamos decir como San Pablo: «Estoy lleno de consuelo y de gozo en todas las tribulaciones».

Lecturas del Domingo 26 de Mayo de 2019

(6ª Semana. Tiempo Pascual)

+ Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

«El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.

Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.

Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. í No se inquieten ni teman! Me han oído decir: «Me voy y volveré a ustedes». Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.

Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.»

Reflexión

Para nuestra mentalidad occidental, la principal dificultad para la comprensión del espíritu está en el hecho de que nosotros lo entendemos como lo opuesto a lo corpóreo a lo material.

En cambio, para la mentalidad semita, el espíritu indica la DINAMICIDAD DE LA PERSONA, su rasgo activo y emprendedor.

Por eso estamos utilizando para designar al espíritu, la misma palabra pero con un significado muy diferente.

Cuando Jesús en este evangelio, promete su Espíritu, está diciéndonos que seguirá actuando en la comunidad, con la misma fuerza y dinamismo y con una presencia, que si bien no es físicamente corpórea, es igualmente real y eficiente.

Y en nuestro mundo de hoy, nos encontramos con problemas nuevos, que no podemos buscarlos en la Biblia. Nos encontramos con el fenómeno del ateísmo, del materialismo, de la fecundación artificial de la mujer, de la libertad en la relación de los sexos, y muchos otros problemas y nos preguntamos ¿cómo actuar en estas situaciones, cómo actuaría Jesús? ¿Cómo ser cristiano en esta cultura?, ¿qué responder antes los nuevos problemas y visiones de la realidad?.

En la primera lectura de hoy, se plantea el primer conflicto histórico del cristianismo: los paganos que querían hacerse cristianos ¿tienen que circuncidarse y hacerse judíos para ser bautizados después?

¿ Y cómo se resolvió el conflicto?

El texto nos lo dice claramente. Esa primera Iglesia, no esperó una respuesta mágica y milagrosa del cielo; no tuvo el privilegio de escuchar una revelación especial de Cristo resucitado. Simplemente se reunió, discutió, reflexionó, y después tomó la decisión diciendo:

Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros...

Si, como escuchamos: El Espíritu Santo y nosotros.

Esto no es porque se ponían en pie de igualdad con el Espíritu Santo, sino que expresa que la decisión no fue tomada por antojo o poder absoluto, sino conscientes de que el Espíritu había estado presente y de que ellos habían seguido su voluntad.

El Espíritu Santo, guía y asesora a la Iglesia en la difícil tarea de enfrentar nuevos conflictos y situaciones histórico-culturales. Lo hizo en sus comienzos y lo sigue haciendo hoy.

Esa primera comunidad, tenía conciencia que en sus reuniones, en sus discusiones, en su búsqueda de soluciones y respuestas, allí actuaba Cristo. No de una manera mágica, sino a través del trabajo de la propia comunidad animada por el Espíritu Santo.

El Espíritu actúa, por mediaciones tan humanas como discusiones, el reunirse, el pensar.

Y por supuesto, siempre quedará la duda si realmente se ha sido fiel al pensamiento o al Espíritu de Cristo o no.

En el tiempo del libro de los Hechos de los Apóstoles, Pablo y Santiago pensaban diferente respecto a la inclusión de los paganos en la Iglesia.

Por eso la tarea de los primeros cristianos y la nuestra hoy, será de permanente búsqueda. Búsqueda que tendrá aciertos y errores. Búsqueda con discusiones, ...pero siempre abiertos a esta fidelidad al mensaje de Cristo que tenemos que redescubrir día a día.

Se cuenta que durante la Revolución francesa fueron condenadas muerte 16 carmelitas, por fanatismo, según la sentencia.

Una de ellas, preguntó al Juez ¿Qué es eso: fanatismo?

Y el juez le respondió:

Fanatismo es una maldita adhesión de ustedes a la religión

A lo que la hermana contestó:

Qué lindo, morir para Jesús.

Cuando llegó el momento de la ejecución, subieron a una carreta, y cantaron todo el tiempo cantos religiosos, y cuando se encontraron frente a la guillotina, y todas se arrodillaron y renovaron los votos de obediencia, y comenzaron a cantar: Ven, Espíritu Creador.

La última en ser ejecutada fue la priora, que antes de ser ejecutada dijo: El amor es siempre victorioso. El amor es el poder más grande.

Este relato de estas carmelitas, es el evangelio de hoy, creído y vivido!

Es la presencia palpable del Espíritu de Jesús en los que lo aman!

Los primeros cristianos, enfrentados con las persecuciones, se preguntaban porqué el Señor no manifestaba al mundo su poder., porqué se había manifestado sólo a sus discípulos y no a todo el mundo.

Y Jesús mismo nos da hoy la respuesta. Él se manifiesta, a los que los que están unido a Él por la fe y el amor.

Jesús resucitado habita en los que lo aman y guardan su palabra.

El Espíritu de Dios está presente en todos los cristianos, aún en los más humildes, aún en esos que a los ojos del mundo son ignorantes.

Y ese Espíritu nos capacita a todos para comprender..., para comprender el mundo..., y para ver ... con los ojos de Dios.

El Espíritu Santo, es llamado en este texto de Juan ¨Paráclito¨, que significa ¨el que ha sido llamado para estar al lado¨

Por eso el Espíritu Santo significa para nosotros lo mismo que si Jesús estuviera físicamente a nuestro lado. El Espíritu nos hace comprender la verdad, nos ilumina, nos protege, nos defiende, nos anima.

Jesucristo está presente hoy por medio de su Espíritu.

Por eso nos dice el evangelio no hay porqué ponerse triste, ni acobardarse, Jesús nos da su paz, esa su Paz, que es estar bien, estar cerca de Jesús, estar contento, y en armonía con Dios y con los demás.

Vamos entonces a agradecerle hoy al Señor que nos haya dejado su Espíritu, y pidámosle ser fieles a las inspiraciones de ese SU ESPIRITU

 

 María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia.

 

  

 

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    Después que Judas salió, Jesús dijo:

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