ENERO

 

En el día en el que celebramos

a la Vida Consagrada…

Deja entrar la mañana clara en tu casa,

y que Dios se sienta a gusto

diciéndote su fresca Palabra.

Y a esa Palabra, respóndele…

 

¡AQUÍ ESTOY!

 

 

 

 

Lecturas del Domingo 15 de Diciembre de 2019

(3 ª Semana. Tiempo de Adviento)

+ Mateo 11, 2-11

Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?»

Jesús les respondió: «Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!»

 

Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo:

«¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes.

¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. Él es aquel de quien está escrito: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino».

Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.»

Reflexión.

Hoy, tercer domingo del Tiempo de Adviento, las lecturas nos hablan de la paciencia y de los signos y las señales que nos da el Señor.

En la segunda lectura, en la Carta de Santiago, el apóstol nos enseña que tenemos que aprender a esperar y a luchar con paciente perseverancia. La adquisición de las virtudes no se logra con violentos esfuerzos esporádicos, sino con la continuidad de la lucha y la constancia de intentarlo cada día, ... cada semana. El secreto es comenzar y recomenzar esa lucha, todas las veces que sea necesario.

Ser paciente con uno mismo para desarraigar los defectos del carácter significa por un lado, huir del conformismo, y por otro, presentarse muchas veces al Señor con humildad para pedirle gracias para superar nuestros defectos.

Pero, además de ser pacientes con nosotros mismos, tenemos que ejercitar esta virtud con nuestro prójimo, con quienes tratamos con más frecuencia. Sobre todo si tenemos la obligación de ayudarles en su formación, o están a cargo nuestro durante una enfermedad. Debemos contar con los defectos de los que nos rodean para poner en práctica nuestra comprensión y nuestra fortaleza. Sin dejar de hacer las correcciones oportunas, debemos tratar de mantener la paciencia y la calma.

La impaciencia vuelve difícil la convivencia y hace ineficaz la posible la corrección.

Y debemos ser particularmente constantes y pacientes en el apostolado. Las personas necesitan de tiempo y Dios tiene paciencia: en todo momento nos da su gracia, nos perdona y nos anima a seguir adelante. Si con nosotros el Señor tiene esta paciencia, nosotros debemos aprender de ella para llevar nuestros amigos al Señor.

Y el Evangelio nos muestra que Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, es indefinible porque abarca y comprende todas las realidades divinas y humanas. Si el Señor hubiera respondido a los discípulos de Juan, que le preguntaban sobre su identidad, revelándoles que Él era un Profeta, un Enviado de Dios o un Maestro de una doctrina desconocida hasta entonces, habría respondido con la verdad, pero en forma incompleta.

Por eso, el Señor prefirió no responder con palabras, sino con hechos. Después de curar a los enfermos, dar la vista a los ciegos y echar a los espíritus impuros de los poseídos, les respondió a los discípulos de Juan: Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído.

Jesús se define por su obrar. Su respuesta son las obras. Por otra parte, aquellas curaciones milagrosas eran la obra esperada del Mesías, que ya había preanunciado literalmente el Profeta Isaías, en la primera lectura de la misa de hoy.

La respuesta que el Señor les manda a comunicar a Juan el Bautista es:

«Vayan y cuéntenle a Juan lo que ustedes están oyendo y viendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres.

En su respuesta a los enviados del Bautista, Jesús se refiere a los milagros que ha realizado como señal de que con Él ha llegado el Reino de Dios. Él es, por lo tanto, el Mesías prometido. Las obras de Jesús son signos de su misterio y el encuentro con Jesús se produce a través de ese misterio de sus obras y palabras.

Junto con los milagros, una de las señales de la llegada del Reino es el anuncio de la salvación a los pobres.

La Iglesia, siguiendo el ejemplo del Señor, a lo largo de los siglos ha atendido especialmente a los más necesitados. El papa Juan Pablo II insiste en la responsabilidad de los cristianos ante situaciones de pobreza creadas en la sociedad actual por la injusticia de los hombres. Y nos dice que «El egoísmo y la dominación son tentaciones permanentes de los hombres. Se hace también necesario discernir cada vez con mayor profundidad para poder comprender la raíz de las nacientes situaciones de injusticia e instaurar progresivamente una injusticia cada vez menos imperfecta. La atención de la Iglesia se dirige a los nuevos pobres: los minusválidos, los inadaptados, los ancianos y los marginados, para conocerlos, ayudarlos, defender su puesto y su dignidad en una sociedad endurecida por la competencia y el atractivo del éxito»

En este tercer domingo de Adviento, en que la Iglesia quiere que cada uno de nosotros nos preparemos interiormente para la llegada del Señor en la próxima Navidad, vamos a pedir al Señor que nos de la virtud de la paciencia, para que sepamos luchar con perseverancia contra nuestros defectos, y que nos volvamos más comprensivos y pacientes con quienes nos rodean.

Vamos a pedirle también al Señor, que sepamos reconocerlo como el Mesías a través de sus signos y sus señales que traen la Buena Nueva a los pobres. Y que en este tiempo de preparación, seamos con toda la Iglesia, más solidarios con nuestros hermanos más necesitados.

Lecturas del Lunes 16 de Diciembre de 2019

(3 ª Semana. Tiempo de Adviento)

+ Mateo 21, 23-27

Jesús había entrado al Templo y estaba enseñando cuando los sumos sacerdotes y las autoridades judías fueron a su encuentro para preguntarle: ¿Con qué derecho haces todas estas cosas? ¿Quién te ha autorizado?

Jesús les contestó: Yo también les voy a hacer una pregunta, nada más. Si me la contestan, yo también les diré con qué autoridad hago todo esto: Cuando Juan bautizaba, ¿lo había mandado Dios o era cosa de hombres?

Ellos reflexionaron interiormente: Si contestamos que lo había mandado dios, nos va a decir: Entonces ¿por qué no creyeron en él? Y si le decimos: Era cosa de hombres, debemos temer al pueblo que considera a Juan un profeta.

Y contestaron a Jesús: No lo sabemos

Entonces Jesús dijo: Yo tampoco les digo con qué autoridad hago esto.

Reflexión.

Después de expulsar a los mercaderes del templo, y de realizar varias curaciones milagrosas, los discípulos estaban inquietos, pero más aún los enemigos de Jesús que tomaron coraje y le preguntaron ¿con qué autoridad hacía eso?

La pregunta era una trampa, los movía el deseo de poder condenar a Jesús por sus mismas palabras.

Si Jesús contesta que la autoridad le viene por ser el Hijo de Dios, ellos entonces lo acusarían de blasfemia.

Jesús no responde a la pregunta porque entiende que lo realizado con anterioridad era suficiente para acreditar su divinidad.

Jesús reiteradamente había dicho que lo que decía y hacía lo realizaba en nombre del Padre del Cielo. En este pasaje, Jesús quiere desenmascarar a los fariseos poniendo en evidencia sus malas intenciones

Los fariseos, se habían quedado en el pasado, se habían quedado con la Palabra de Dios, y no pudieron descubrir la presencia de Dios cerca de ellos, sus corazones estaban endurecidos y no reconocieron a Jesús, por eso nosotros, debemos aprender a descubrir a Dios que está presente en nuestra vida y que nos habla hoy, no sólo en el Evangelio sino en nuestra vida concreta de todos los días, en los acontecimientos y en las personas que nos rodean los que nos rodean.

Este evangelio nos muestra también la forma en que debemos actuar. Cuando nos toca hablar con personas que no comprenden a Cristo, ni lo aceptan, ni lo aman, nuestra actitud debe ser simplemente decir la verdad, afirmar nuestra convicción y nuestra fe en Jesucristo, pero no tratar de responder a preguntas engañosas realizadas con mala intención

En este pasaje, se resalta que los que tienen necesidad de preguntar a Jesús de dónde le viene la autoridad son los escribas, los sacerdotes y los ancianos, la gente importante, en cambio la gente sencilla comprendió de dónde provenía la autoridad de Jesús y no necesitó preguntarlo. Vieron las obras y creyeron, en cambio los escribas y sacerdotes, no veían a Dios ni sus obras ni lo escuchaban, estaban sordos y ciegos.

Hoy vamos a pedirle a la virgen, que nunca seamos ciegos ni sordos, que tengamos la luz para descubrir al Dios presente en nuestras vidas

Lecturas del Martes 17 de Diciembre de 2019

(3 ª Semana. Tiempo de Adviento)

+ Mateo 1, 1-17

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:

Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David.

David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

Reflexión.

Hoy el Evangelio nos muestra la Genealogía de Jesús.

En ella hay tres grandes etapas: Abraham, David y el exilio en Babilonia, cada etapa llena de promesas y esperanzas y también de pecados y desobediencias. Todo culmina en Jesús que inaugura la etapa definitiva

El evangelio de Mateo nació en una comunidad judeo cristiana y presenta a Jesús, el Mesías, como vinculado a un pueblo, el pueblo de Israel.

Jesús hijo de Dios, pero también de David, heredero auténtico de las promesas de Abraham.

La bendición que por su fe Abraham había recibido de Dios, pasa al pueblo cristiano a través de Jesús.

Mateo hace la genealogía de Jesús desde Abraham. Divide a los ascendientes en tres grupos de catorce generaciones. No pretende el evangelista nombrar a todos los antepasados de Jesús, sino simplemente mostrar a Jesús nacido de María como hijo del pueblo de Israel, heredero de las promesas.

En la genealogía de Jesús se nombran cuatro mujeres Tamar, Rahab, Betsabé (la mujer de Urías) y Rut, las que salvo Rut, no son precisamente las glorias femeninas de Israel.

Esto muestra que Jesús, el Mesías, se ha hecho también solidario del pecado de su pueblo.

En el final de la lista llega Jesús. En Jesús converge el paso y en él se une a Israel toda la humanidad.

Este Evangelio nos muestra que Jesús no tiene sólo antepasados gloriosos, también hay entre sus antepasados, pecadores, infieles, gente no judía como Rut, Betsabé y algunos de ellos de vida muy irregular.

María esté en la línea de David por su esposo José. En el derecho judío, el cabeza de familia no era menos padre de sus hijos adoptivos que de los engendrados. Y Jesús, Hijo de Dios, es también heredero de las promesas de Abraham por su padre adoptivo José.

Jesús entonces es hijo de Israel , es un verdadero israelita solidario con su pueblo al que llevó la salvación.

San Pablo dijo a los gálatas y nos dice también a nosotros:

Ustedes son del Mesías, de Cristo y entonces son descendencia de Abraham y herederos de las promesas.

Vamos a pedir hoy al Señor que echemos raíces en nuestro pueblo y que sepamos llevarle la paz y la salvación de Cristo.

Lecturas del Miércoles 18 de Diciembre de 2019

(3 ª Semana. Tiempo de Adviento)

+ Mateo 1, 18-24

Este fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros.»

Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.

Reflexión.

El mensaje principal es que todo lo que estaba sucediendo obedecía al plan de Dios. Mateo comienza con este versículo una serie de instancias en donde un evento actual cumple las escrituras hebreas. Este recurso hermenéutico es propio de Mateo quien quiere demostrar que Jesús es el Mesías prometido al pueblo de Israel.

El mensajero celestial le dice a José que no debe temer recibir a su mujer, es decir, aceptarla como esposa (recuérdese que en ese momento estaban solamente comprometidos en matrimonio, no casados) puesto que lo que aparentemente era una causa de gran vergüenza y deshonor era algo que venía de Dios, en este caso del Espíritu Santo, el agente creador de Dios. Es más, de una situación socialmente vergonzosa Dios iba a levantar un salvador para su pueblo. Y el nombre de ese niño lo dice todo: Emanuel (Dios con nosotros). Aquí hay un espacio homilético importante: Dios altera los valores sociales del honor y el buen nombre para crear vida aun en medio de situaciones alienantes y potencialmente mortificas.

Se podría decir que María no tiene casi participación alguna en la decisión de José, quien a su vez es inducido por el ángel en el sueño. Aunque su situación es real — está encinta — ella no tiene el poder para cambiarla o cambiar la opinión de la gente. Su suerte parece estar echada. Sería apedreada seguramente. Esta situación en la que se encuentra afecta toda su existencia: física, psicológica, espiritual, social. La situación de José solo afecta su existencia social como hombre: deshonor. ¿Quién lleva las de perder aquí? Obviamente María. Sin embargo el texto se centra en José. Es otro ejemplo del androcentrismo (el hombre en el centro) latente en las narraciones bíblicas.

• Pero es digno de destacar que es a través del personaje con menos poder de decisión que nace el Mesías. Su nacimiento no depende de la voluntad de ningún ser humano, solo de Dios. Cuando Mateo cita a Isaías lo hace utilizando la palabra hebrea almah, doncella, es traducida como parzenos, virgen. Con esto quiere significar que María no había tenido contacto sexual con ningún hombre. Esto de alguna manera la libera del control social ejercido por el hombre y la coloca en una relación de subordinación directa a Dios. Pero esto era algo de esperar de cualquier individuo: sometimiento a la voluntad divina. En ese sentido María no es diferente que José, pues ambos deben aceptar los designios de Dios.

Contextualizar este pasaje, que nos habla de la subordinación de la mujer al hombre y del hombre (y la mujer) a los designios divinos, es algo sumamente importante en una sociedad que está tratando justamente de extirpar para siempre estas relaciones opresivas. Una lectura literal, a-crítica, del texto perpetuará la dominación y la subyugación de la mujer por el hombre, así como también de los individuos por instituciones que se atribuyen el derecho de encarnar la voluntad divina. Es necesario entonces practicar una lectura liberadora, que se base en la potencialidad del texto como Palabra de Dios para sugerir nuevos significados para nuevas audiencias.

Lecturas del Jueves 19 de Diciembre de 2019

(3 ª Semana. Tiempo de Adviento)

+ Lucas 1, 5-25

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón. Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada.

Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso.

Entonces se le apareció el Angel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. Pero el Angel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto.»

Pero Zacarías dijo al Angel: «¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada.»

El Angel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo.»

Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. Él se expresaba por señas, porque se había quedado mudo.

Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa. Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses. Ella pensaba: «Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres.»

Reflexión.

En las misas de estos días previos a la Navidad, se lee todo el Capítulo Primero del Evangelio de San Lucas. La primera parte, que corresponde a la misa de hoy presenta el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista, Precursor del Mesías, a sus padres, Zacarías e Isabel.

Zacarías e Isabel eran justos y santos delante de Dios. Sus vidas transcurrían en el cumplimiento de sus obligaciones religiosas. Y Dios los premió concediéndoles la alegría de tener un hijo, pese a que Isabel era estéril y de edad avanzada.

La justicia de Zacarías era la propia de un buen israelita, que consistía en la observancia perfecta de la ley, y esta justicia se alimentaba de la fe y la esperanza en el Mesías.

Esto debe ser un ejemplo para nosotros, quienes debemos vivir con entera fidelidad, que por cierto será recompensada por Dios, si no todas las veces en este mundo, sí siempre, en la otra vida.

La fe de Zacarías es puesta a prueba. Las razones humanas están en contra de la promesa del ángel. Desde el punto de vista natural, se comprende: Soy un hombre viejo y mi mujer de edad avanzada. Normalmente ya no hay esperanza para la fecundidad. Será pues un nacimiento excepcional como el de Jesús. La promesa de Dios será cumplida.

También en nuestras vidas se cumplirá la Palabra de Dios, aun contrariando todas las razones humanas. La santidad de vida, la fidelidad a la Palabra de Dios, ha de ser nuestra principal preocupación. Esa santidad que nos lleva a despegarnos de las cosas de la tierra y a ocuparnos con más dedicación y constancia de las cosas de Dios.

El Evangelista nos dice que Zacarías e Isabel eran justos ante Dios. Esto es lo que nos debe preocupar: santificarnos delante de Dios, que ve el fondo de nuestros corazones y conoce los más íntimos secretos e intenciones.

A Zacarías le tocó en suerte, de acuerdo a las costumbres sacerdotales de la época, entrar en el santuario del Señor para quemar el incienso. Este rito consistía en renovar las brasas en el altar.

La incensación tenía lugar antes del sacrificio de la mañana después del de la tarde.

Esta es una magnífica imagen de gran significado para nosotros, que debemos expresar en el ofrecimiento de nuestras obras del día y en la acción de gracias y el arrepentimiento de nuestras faltas antes de entregarnos al descanso.

El pasaje nos invita, especialmente en estos días previos a la Navidad, a quemar nuestras vidas con todas sus horas, como un incienso agradable a Dios. Así nuestra oración será vida en nosotros y toda nuestra vida será oración.

Lecturas del Viernes 20 de Diciembre de 2019

(3 ª Semana. Tiempo de Adviento)

+ Lucas 1, 26-38

En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»

María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?»

El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.»

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.» Y el Ángel se alejó.

Reflexión.

Hoy la Iglesia celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen.

Y podemos preguntarnos qué importancia tiene la Inmaculada Concepción de María para nosotros hoy? María, santa e inmaculada desde su concepción, es una llamada y un modelo de santidad a la cual todos estamos llamados.

Por eso la inmaculada concepción, no es para nosotros los católicos sólo un dogma de fe, es la certeza de que también en nosotros concebidos santos e inmaculados desde el momento del bautismo, puede vivir y crecer Cristo.

En la primera lectura del libro del Génesis, llamada comúnmente Proto-evangelio o primer anuncio de la salvación se muestra la humanidad sometida al pecado y en ese mismo instante, la palabra de Dios emerge con el primer evangelio de la esperanza anunciando que la humanidad como linaje de mujer, alcanzará la victoria, aplastando la cabeza del pecado agresor. La Iglesia aplica este pasaje a María y a su hijo Jesús. Esta promesa divina se cumple cuando Jesús, descendencia de mujer, vence al pecado en una vida de perfecta santidad.

Y el Evangelio nos presenta la escena de la Anunciación del ángel. María y Jesús son la expresión del amor misericordioso de Dios que no se olvida de los hombres.

María está llena de Jesús, no sólo por ser la Madre, sino además porque por la fe incondicional en Dios, lo siguió por el camino de la cruz, cumpliendo su sí a Dios dado en la anunciación y al que consagró su vida.

En María descubrimos hoy a la Iglesia, que cree en la Palabra de Dios y quiere llenarse de Jesús.

La santidad de María, debe impulsarnos a vivir nuestra vocación a la Santidad. Vale la pena poner los ojos en María y hacer nuestro el pensamiento de la carta a los efesios, dando gracias a Dios porque:

«Dios nos eligió en la persona de Cristo para que fuésemos santos e inmaculados ante Él por el amor.»

Todos somos llamados a la más total y perfecta santidad, como María, por eso la fiesta de hoy es un llamamiento y un recuerdo de la exigencia del bautismo: una vida nueva en santidad, porque fuimos concebidos como hijos de Dios. Si no nos ponemos hoy esta exigencia, el festejo de la Inmaculada Concepción está vacío de contenido.

Pidámosle a María que podamos a ejemplo suyo ofrecerle a Dios nuestra vida con un sí generoso y decidido.

Lecturas del Sábado 21 de Diciembre de 2019

(3 ª Semana. Tiempo de Adviento)

+ Lucas 1, 39-45

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.

Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.»

Reflexión.

A pocos días de la Navidad, el evangelio de hoy nos presenta la Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel. Es la escena que contemplamos en el Segundo Misterio Gozoso del Rosario, que se reza todos los lunes y los sábados.

El anuncio que poco antes le había hecho el ángel, no dejó a María aislada con sus problemas. El ángel le habló de su prima Isabel, ya anciana, y María va a compartir con ella su alegría y su secreto. María, muy joven todavía, aprenderá de su prima muchas cosas que José no sabría decirle. Y así se cumplió la profecía hecha a Zacarías, sobre su hijo, Juan el Bautista: «Tu hijo estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre.»

Lo más importante en la historia, no siempre es lo más espectacular. El Evangelio prefiere señalar los acontecimientos que fueron portadores de vida.

Las muchedumbres judías caminarán hacia Juan, años después, en busca de la palabra de Dios. Pero nadie se preguntará cómo recibió el Espíritu de Dios. Y nadie sabrá que María, la niña humilde, puso en movimiento los resortes del plan de Dios aquel día de la Visitación.

Las palabras que Isabel usa para saludar a María: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! las usamos cada vez que rezamos el Avemaría. En estos días que preceden a la Noche Buena es un momento oportuno para redescubrir esta bendición, que recuerda cuando Jesús estaba realmente en las entrañas de María, al calor de su madre, ... bien protegido, antes de estar expuesto al frío, a los golpes, y a las injurias.

Por entonces, solo recibe amor. Un corazón de madre late junto al suyo, y le hace latir una única sangre humana.

Jesús es esperado. Jesús es amado con su primer amor. Bendita tu eres, ... bendito es tu hijo...

Y Santa Isabel pregunta con humildad ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor?. Estas dos mujeres, María e Isabel, están inmersas en el misterio: Evidentemente hay cosas extrañas en torno a los dos nacimientos. Isabel se da cuenta de ello en forma inmediata y con sus palabras refleja la adoración y el agradecimiento a Dios por el don recibido. Nos alienta esta escena a pedir al Señor que estemos siempre atentos a reconocer su presencia y a saber reconocer sus signos.

Concluye el pasaje del Evangelio con otra alabanza de Isabel a María: ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!». María creyó. Esa fue su grandeza y el fundamento de su felicidad: su fe. Así se convierte María en Maestra de la fe, aceptando cuanto se le anuncia de parte de Dios, aunque ella no se pudiera explicar el modo cómo se realizaría aquel plan. María por su Si hizo que la obra de Dios, su plan, fuera una realidad para nosotros.

Pidamos hoy al Señor que nos regale como a Isabel, el don de descubrir su presencia en nuestras vidas, y pidámosle también una fe como la de María, para que como ella, aprendamos a aceptar el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros.

A pocos días de la Navidad, el evangelio de hoy nos presenta la Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel. Es la escena que contemplamos en el Segundo Misterio Gozoso del Rosario, que se reza todos los lunes y los jueves.

El anuncio que poco antes le había hecho el ángel, no dejó a María aislada con sus problemas. El ángel le habló de su prima Isabel, ya anciana, y María va a compartir con ella su alegría y su secreto. María, muy joven todavía, aprenderá de su prima muchas cosas que José no sabría decirle. Y así se cumplió la profecía hecha a Zacarías, sobre su hijo, Juan el Bautista: «Tu hijo estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre.»

Lo más importante en la historia, no siempre es lo más espectacular. El Evangelio prefiere señalar los acontecimientos que fueron portadores de vida.

Las muchedumbres judías caminarán hacia Juan, años después, en busca de la palabra de Dios. Pero nadie se preguntará cómo recibió el Espíritu de Dios. Y nadie sabrá que María, la niña humilde, puso en movimiento los resortes del plan de Dios aquel día de la Visitación.

Las palabras que Isabel usa para saludar a María: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! las usamos cada vez que rezamos el Avemaría. En estos días que preceden a la Noche Buena es un momento oportuno para redescubrir esta bendición, que recuerda cuando Jesús estaba realmente en las entrañas de María, al calor de su madre, .... bien protegido, antes de estar expuesto al frío, a los golpes, y a las injurias.

Por entonces, solo recibe amor. Un corazón de madre late junto al suyo, y le hace latir una única sangre humana.

Jesús es esperado. Jesús es amado con su primer amor. Bendita tu eres, ... bendito es tu hijo...

Y Santa Isabel pregunta con humildad ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor?. Estas dos mujeres, María e Isabel, están inmersas en el misterio: Evidentemente hay cosas extrañas en torno a los dos nacimientos. Isabel se da cuenta de ello en forma inmediata y con sus palabras refleja la adoración y el agradecimiento a Dios por el don recibido. Nos alienta esta escena a pedir al Señor que estemos siempre atentos a reconocer su presencia y a saber reconocer sus signos.

Concluye el pasaje del Evangelio con otra alabanza de Isabel a María: ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!». María creyó. Esa fue su grandeza y el fundamento de su felicidad: su fe. Así se convierte María en Maestra de la fe, aceptando cuanto se le anuncia de parte de Dios, aunque ella no se pudiera explicar el modo cómo se realizaría aquel plan. María por su Si hizo que la obra de Dios, su plan, fuera una realidad para nosotros.

Pidamos hoy al Señor que nos regale como a Isabel, el don de descubrir su presencia en nuestras vidas, y pidámosle también una fe como la de María, para que como ella, aprendamos a aceptar el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros.

 

 

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  • CAMINAMOS HACIA LA VIDA ETERNA

     

    El año litúrgico va llegando a su fin, y en estos tres últimos domingos reflexionaremos sobre la muerte, o el paso a una vida diferente. La palabra de Dios nos invita a reafirmar nuestra fe en la vida eterna, a creer en Jesucristo, porque él es camino, verdad y vida. La Iglesia, no pretende acorralar entre miedos y amenazas la libertad del ser humano, pero no calla sobre la suerte feliz o infeliz que a todos nos espera después de la muerte, en la casa del Padre, en la que Jesús nos espera.

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  • DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES 2019

     

    El Domund es una fecha en que, de un modo especial, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con las misiones. Se celebra en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre, el “mes de las misiones”. 

    La Iglesia tiene la tarea o misión de llevar el Evangelio a todo el mundo. Llamamos “las misiones” a los territorios donde esa misión está comenzando y por eso es necesaria la ayuda personal de los misioneros y la ayuda económica de la Iglesia universal.

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  • VETE EN PAZ TU FE TE HA SALVADO

     

    Las Lecturas de hoy nos hablan de dos sanaciones: una narrada en el Antiguo Testamento -la del leproso Naamán- y otra del Nuevo Testamento -la de los diez leprosos. Con motivo de estos textos es bueno referirnos a las maneras en que Dios puede sanar.  Vemos cómo en la Primera Lectura (2Re. 5, 14-17) el Profeta Eliseo pide al Naamán que vaya a bañarse siete veces en las aguas del río Jordán y, luego de hacerlo -dice la Escritura- “su carne quedó limpia como la de un niño”. 

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RELEVANTES

  • Tres pequeñas cosas para hacer la paz

       
    PAPA FRANCISCO
    MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE
    Tres pequeñas cosas para hacer la paz
    Viernes, 26 de octubre de 2018 Fuente:  L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 31, viernes 2 de agosto de 2019
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  • MARIA MADRE DE DIOS

     

     

    Un nuevo año comienza y la Iglesia, cada 1 de enero, lo inicia celebrando la Solemnidad de “María, Madre de Dios” para pedir la protección de aquella que tuvo la dicha de concebir, dar a luz y criar al Salvador. Conoce aquí cómo es que surge este título en honor a la Virgen y lo que hicieron los primeros cristianos para defenderlo.

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  • ORACION POR LOS JÓVENES

    ¡Padre Santo! te pedimos por los jóvenes,
    que son la esperanza del mundo.

    No te pedimos que los saques de la corrupción
    sino que los preserves de ella.

    ¡Padre! No permitas que se dejen llevar

    por ideologías mezquinas.

    Que descubran que lo más importante
    no es ser más, tener más, poder más,
    sino servir más a los demás.

    ¡Padre! Enséñales la verdad que libera,
    que rompe las cadenas de la injusticia,
    que hace hombres y forja santos.

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  • LECTURAS 15-21 DICIEMBRE

    Lecturas del Domingo 15 de Diciembre de 2019

    (3 ª Semana. Tiempo de Adviento)

    + Mateo 11, 2-11

    Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?»

    Jesús les respondió: «Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!»

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